viernes, septiembre 24, 2010

Satisfacción

Llegó cansado. Abrió la puerta que daba a la cocina, encendió la luz y se movió en silencio durante unos segundos, como tratando de no interrumpir la paz de la casa. Era uno de esos momentos en los que el silencio tiene una carga especial, casi que se lo puede escuchar.

Se apoyó contra la mesada, tomó un respiro y se dispuso a limpiarse.

Abrió la canilla de la pileta, y dejó que el agua le corriera por las manos. Se sentía muy agradable.

Meditó unos segundos acerca de qué hacer. La tentación de ir, directamente a acostarse en su cama, era muy fuerte, pero sabía que no debía hacerlo. No, sólo lavarse las manos, en las condiciones en las que se encontraba, no era buena idea.

Así como estaba, tierra y todo, se dirigió al cuarto de baño. Recién allí se sacó los zapatos (tendría que lavar el piso más tarde), que dejó a un lado, para después limpiarlos, y la ropa, que quizás debiera tirar. Por ahora, iba al canasto para la ropa sucia. Más adelante, vería.

El agua de la ducha salió con intensidad, con ese sonido tan familiar y disfrutable. Necesitaba ese baño para sentirse un hombre nuevo. Reguló desde afuera la temperatura ideal. Esta vez iba a ser lo más caliente que pudiera.

Cuando por fin se paró bajo la lluvia, sintió sus músculos relajarse, y recién entonces notó, por primera vez, el dolor. El esfuerzo lo había dejado agarrotado en los hombros, espalda, cuello y brazos. Sabía que en la mañana, todo eso le iba a doler más, mucho más.

Pero no importaba, en realidad. La tarea estaba hecha.

Sonrió. ¿Por qué no hacerlo? El placer lo embriagaba. El sentido de realización era todo.

Un hilo de sangre y barro corrió al resumidero. La tarea estaba hecha.

miércoles, septiembre 22, 2010

November 19th can't come soon enough!!!

Ya está aquí, ya llegó. A menos de 30 minutos de su estreno online, les traigo, mis estimados lectores y potterheads, el trailer de Harry Potter and the Deathly Hallows (part 1).

Es IM-PRE-SIO-NAN-TE!!!

Pero no dejen que yo les cuente...

lunes, septiembre 20, 2010

Crítica: Francia

Historias de familia

Caetano buscó una forma diferente de contar una historia mínima, un momento en la vida de tres personas. Eligió partir del punto de vista de una niña de 12 años, y sus observaciones del mundo son, simplemente, perfectas.

"Francia" es una película sobre la clase media baja, sobre las realidades que toca vivir, y los sueños que se tienen, cuando todavía se está en esa edad en la que todo es posible.

Milagros Caetano (la hija del director) actúa con sorprendente naturalidad en ese papel de narradora de la historia de su familia. Junto a ella, Natalia Oreiro se luce con una interpretación excelente, en un papel dramático, completamente distinto a lo que nos tiene acostumbrados.

El elenco es sólido en todas sus líneas, sólo Lola Berthet parece medio desajustada en su papel.

La historia se cuenta de una forma original, en la que participan los textos escritos en pantalla, las fotografías, la narración en off, los flashbacks, y algún otro recurso.

En el centro, gente unida por la necesidad de sobrevivir y salir adelante en un mundo hostil, gente lejos de ser perfecta, dañada por la vida y sus propias falencias.

Que dentro de este panorama, se logre un final optimista, pero que no traiciona la esencia "slice of life" de la historia (donde nada puede cambiar tanto, como para traicionar esa propuesta) es un mérito de un director medido, que filma con pericia y solidez.

"Francia" es una película extraña, poco comercial, con personajes imperfectos. Pero es todo lo que se propone ser. Probablemente, una de esas películas que requieren ser vistas más de una vez.

[***1/2 / *****]

sábado, septiembre 18, 2010

Crítica: Amor a distancia

Against all odds

Dos personas se conocen. Se gustan. Se llevan bien. Sin quererlo, se enamoran. Entonces, aparece un obstáculo que parece insalvable. ¿Logrará su amor salvar ese obstáculo? ¡Vaya interrogante!

La premisa de "Amor a distancia" no es nueva, es más, sigue al pie de la letra las recetas de las comedias románticas. Pero funciona.

Funciona, en parte, porque el obstáculo es interesante (la distancia como impedimento al desarrollo normal de la relación), por oposición a otros más trillados.

Pero, sobre todo, el éxito de la película, reposa en la química de la pareja protagonista. Cuando Drew Barrymore y Justin Long se besan en pantalla, uno siente que son besos de verdad, y eso hace que uno no pueda más que hinchar por ellos.

Ambos aportan frescura a sus papeles, y crean personajes que uno cree pueden existir y gustarse, y aspirar a ser felices. Ese es el ingrediente secreto, que tantas películas dan por sentado.

A ellos hay que sumarles un grupo de actores secundarios graciosos y simpáticos, y situaciones hilarantes, que sirven de balance a la cuestión dramática de fondo. Porque la distancia es un obstáculo más real que muchos de otras comedias, y está tratada con inteligencia.

Sin ser brillante, es tremendamente efectiva y disfrutable. Una propuesta ideal para ver en pareja y pasar un rato muy divertido.


[*** / *****]

domingo, septiembre 12, 2010

Un regalo para potterheads

Faltan dos meses!!!

El 19 de noviembre se estrena la primera parte de Harry Potter and the Deathly Hallows ("las reliquias de la muerte", en español), y hasta ahora veníamos viendo trailers que combinaban metraje de las dos partes. Pero ahora tenemos un spot que refiere exclusivamente a la primera entrega.

Es breve, pero está bueno.


Además de eso, tengo, para los fanáticos extremos (como uno) una entrevista a J. K. Rowling, que es, sobre todas las cosas, emotiva, y nos acerca a la escritora. Es sólo para los que hablan inglés (lamentablemente), pero sé de algunos de ustedes, que no van a tener problemas por eso.

Es extensa, y viene en varias partes, pero creo que vale la pena.

¿Mencioné que es muy emotiva?

Parte 1

Parte 2

Parte 3

Parte 4

Parte 5

Parte 6 (y final)

sábado, septiembre 11, 2010

Crítica: El escritor oculto

En el debe

El mayor problema de "El escritor oculto" es la falta de sentido de la urgencia. Entiéndase: ésta no es una película de Hollywood, sino un Polanski, con tono europeo. Así que no debe sorprender que no hayan explosiones, ni persecuciones de todo tipo. Eso está bien. Es un thriller político. El problema es que no logra tener un ritmo que ponga al espectador al borde de la silla.

Atmósfera hay, en cantidades importantes, y las actuaciones son, en general, muy buenas. Ewan McGregor hace un trabajo protagónico muy sólido. El peso de la película recae sobre sus hombros, y se maneja con soltura.

También son destacables Olivia Williams y el gran Tom Wilkinson, que siempre le da un toque de seriedad y calidad a los proyectos en los que participa.

El caso de Pierce Brosnan es bastante particular, ya que su personaje tiene algo de caricaturesco, de desconexión, de "larger than life", que, no tengo dudas, fue buscado, pero que resulta, por lo menos extraño.

Asimismo, esa condición, hace que la crítica (para nada velada) a Tony Blair, se diluya en lo exagerado del personaje.

La historia es interesante, pero el giro del final no es nada del otro mundo. Sólo, quizás, el último plano, muestra un coraje inusitado, un deseo por salir de la norma.

La película está visualmente muy lograda, y se nota la mano de un realizador que sabe lo que quiere. Pero, volviendo al principio, tiene un problema de ritmo, que no pasa por ser lenta o no, sino por no generar una verdadera sensación de urgencia, de peligro inminente, de necesidad de sobrevivir y resolver el misterio subyacente.

Puede y debe rendir más.


[**1/2 / *****]

martes, septiembre 07, 2010

Octubre, 1992

Una menos cinco. Habían quedado a la una, sí, pero ella estaba ansiosa. Además, no quería que cuando él llegara, despertara a nadie. Todos dormían en la casa. Menos ella, claro, que había terminado de aprontarse para salir por primera vez con él.

Se sentó en el sofá del living a esperar, pero no pudo permanecer mucho tiempo así. Se paró, caminó un poco, y volvió a sentarse. Estaba inquieta, con las mariposas en el estómago y el nudo en la garganta. Ahora era la una. Ya era hora de escucharlo llegar.

Se preguntaba cómo sería la noche, si él sería romántico, si le diría cosas lindas. Se preguntaba cómo sería cuando por fin se besaran. Se preguntaba, además, cuándo llegaría.

Cinco minutos pasaban de la una. Era un tiempo perfectamente razonable, pero eso no la hacía sentir menos inquieta. Sus oídos detectaban, ahora, el más mínimo movimiento que ocurriese del otro lado de la puerta. El gato del vecino se paseaba en los tejados, el perro del otro vecino rascaba contra la cerca.

Una y diez. Ya se sentía físicamente incómoda. Quería ir a buscar un vaso con agua, pero temía alejarse demasiado de la puerta. Habían convenido que él no tocaría timbre, para no despertar a nadie, sino que golpearía la puerta.

Cuando era la una y cuarto, ella ya no sabía que hacer. Más de una vez se tuvo que detener, porque se sorprendió a sí misma a punto de comerse las uñas. No era el día para andar con las uñas mordidas por la vida.

Los minutos contenían mucho más de sesenta segundos cada uno, y los relojes de la casa, algunos de los cuales hasta ese momento ella ignoraba que funcionaran, parecían repiquetear estruendosamente, y retumbar en su cabeza.

Empezó a sentir que todo iba a terminar mal, cuando eran más o menos la una y media. Quizás él no fuera a venir. Lo que antes era ansiedad, ahora recibía el agregado de la incertidumbre.

Quería desesperadamente que él viniera, pero estaba malhumorada. Se dijo a sí misma que, cuando él llegara, le iba a hacer sufrir por la espera. En el fondo, sabía que se estaba mintiendo, que su llegada aplacaría todos esos males.

Dos menos veinte empezó a sentir angustia. Sus ilusiones se derrumbaban. ¿Y si en serio no aparecía? ¿Y si todo había sido una ilusión?

A las dos menos diez, apagó la luz de la lámpara de mesa y se fue, las lágrimas rodándole por las mejillas, al fondo, a su dormitorio, a tratar de olvidarse de todo.

***

Una menos cinco. Habían quedado a la una, pero él estaba ansioso por verla. Sabía que no correspondía llegar antes de hora, hay cosas que la etiqueta no permite, por lo que estacionó el auto frente al patio de la casa de ella, y se dispuso a esperar. "Cinco minutos", se dijo. No, diez era mejor, porque las mujeres siempre demoran un poco.

Sentado adentro del auto, prendió por un momento la radio. La apagó. Le molestaba. Estaba inquieto. Se miró en el espejo retrovisor y no se vio por la falta de luz. Prendió la luz interior del auto. Se miró otra vez. Estaba prolijo. El reloj del auto marcaba la una en punto. Quería esperar un poquito más, pero le costaba enormemente.

Trató de repasar mentalmente los planes para esa noche, a modo de hacer tiempo, pero se sentía encerrado, le faltaba el aire allí dentro. La ansiedad lo estaba matando.

Salió del auto cuando no era ni siquiera la una y cinco. Caminó lentamente hacia la puerta de la casa. Se detuvo frente a ella y golpeó.

Nada.

¿Cuánto había pasado? ¿Cinco segundos? ¿Diez? Era difícil saberlo, cuando cada uno parecía una eternidad. Trataba de racionalizar y no apresurarse.

Cuando se convenció que no podía demorar tanto, golpeó una vez más, un poco más fuerte. Ahora estaba en el límite. Sabía que más fuerte era inadecuado para la hora.

Nada otra vez.

Imaginó que ella no estaría pronta. Quien dice a la una, dice en realidad más de la una. Al menos en este país. Era la una y cinco recién. No, mentira. Pasaban ya ocho minutos de la una. Decidió esperar un poco más antes de golpear nuevamente.

Se sentó en uno de los escalones delante de la puerta. Sonrió nerviosamente al pensar en qué pasaría si alguien lo viera allí a esa hora. Una actitud hasta sospechosa, podría decirse.

Pasando la una y diez, decidió, una vez más, golpear la puerta. Otra vez no pasó nada. Acercó su oreja a la madera, pero no logró escuchar sonido alguno proveniente del interior de la casa.

Trató de no ponerse más nervioso y buscar alguna salida que no implicara tirar abajo la puerta. Golpear cada tanto. Esa parecía una idea razonable. Así, cuando ella llegara a la puerta del frente, sabría que él estaba allí, esperándola.

Pasaron los minutos y él se resistía a mirar más el reloj. Juraría que eran ya las 5 de la mañana, aunque sabía que ese era el tiempo en su cabeza, nomás.

Una y veinticinco. Sucumbió a la tentación de mirar el reloj. Por un lado trató de racionalizar, de justificar esos veinticinco minutos como un tiempo razonable. Por el otro, era ya un manojo de nervios. Hasta frío sentía, cuando hacía más de veinte grados allí afuera.

No era capaz de llevar una cuenta de cuántas veces había golpeado esa puerta. Cambió varias veces de mano, porque, aunque no lo hacía con fuerza, le dolían los dedos por la repetición.

Tosió un par de veces. ¿Quizás así ella notara su presencia del otro lado de la puerta? No tuvo ningún efecto. Nada parecía tenerlo.

Era la una y media. ¿Y si ella no abría la puerta? Ahora empezaba a atormentarlo la incertidumbre.

A las dos menos veinte comenzó a invadirlo la desesperanza.

Dos menos cuarto decidió irse, pero no pudo. Todavía no podía despegarse de esa puerta. No quería irse y perderla.

Dos menos diez golpeó por última vez. Pegó, una vez más, la oreja contra la madera. El silencio fue ensordecedor. Se dio media vuelta, caminó rumbo al auto y se fue.

***

Al mediodía siguiente, cuando Diego despertó, se sorprendió de no encontrarse con la programación habitual en la televisión... Esa noche había comenzado el horario de verano.

domingo, septiembre 05, 2010

Crítica: Kick-Ass

Héroes en las calles

La idea en el fondo de Kick-Ass no es tanto la de superhéroes en nuestro mundo, ya que la realidad que se construye es tan ficticia o más que las realidades de las películas “normales” de superhéroes. La cuestión viene más por la existencia de esta gente en un mundo en el que los cómics existen, y la idea de ponerse una capa y salir a luchar contra el mal, suena tan descabellada como en el nuestro.

El director, entonces, construye una realidad fílmica con reglas propias, cuestiones metareferenciales y guiños al espectador.

En el centro, el protagonista, una gran interpretación de Aaron Johnson, que capta esa normalidad que tiene que tener el personaje, y lo llena de buenas intenciones, si bien de una alarmante falta de preocupación por su propio bienestar

Los villanos (Mark Strong a la cabeza, en muy buen trabajo) sí son estereotípicos hasta el hueso. La película es consciente de ello y lo destaca. En el mundo de Kick-Ass conviven las caricaturas con los personajes más realistas, cómodamente.

Pero los que se llevan la atención son un par de secundarios: Big Daddy y Hit Girl. El primero, una de las mejores interpretaciones de Nicolas Cage en mucho tiempo, que disfruta plenamente, y adopta un patrón de habla como el de Adam West en la vieja serie de Batman, cada vez que se pone el disfraz. La nena, Chloe Moretz se roba cada escena en la que aparece, puteando libremente y aniquilando chicos malos a granel. De la interacción de ambos, surgen algunos de los mejores momentos de la película.

La dirección es sólida y dinámica. La acción está bien filmada para ser entretenida y con referencias geográficas (algo que falta mucho en algunas películas recientes), y la banda sonora complementa perfectamente lo visual.

Con un buen ritmo narrativo, una historia interesante que contar, y actuaciones muy adecuadas al tono (que roza lo paródico, pero se detiene justo, justito antes de pasarse al otro lado), Kick-Ass se convierte en una de las películas más entretenidas en salir de un cómic en los últimos tiempos.

Muy recomendable.

[***1/2 / *****]

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