lunes, octubre 31, 2011

Halloween (cinco años después)

Cinco años pasaron. Una enormidad de tiempo. Muchísimo, sobre todo, en el mundo dinámico y cambiante de la Intenet.

Hace cinco años no sabía qué era Facebook, ni existía Twitter, ni tantas cosas que pasaron en este mundo 2.0 habían pasado.

Gracias a este blog pasaron muchas cosas, tanto en mi vida virtual como en la real. No puedo enfatizarlo en forma suficiente: este blog cambió mi vida.

Hoy, cinco años después, se mantiene apenas vivo, lo sé, pero se mantiene.

Voy, entonces, a dedicarle estas líneas a quienes me leen cada tanto, a quienes comentan, a quienes son parte de mi vida gracias a este blog, que es una parte pequeña, pero importante de mi vida.

Gracias a todos. Nos leemos.

domingo, octubre 30, 2011

Crítica: El Rati Horror Show

(in)justicia

La justicia y la justicia no son la misma cosa. ¿Cómo? Una cosa es la justicia como ideal, como objetivo. Otra cosa es la justicia institucionalizada, el Poder Judicial, el sistema que funciona para administrar la justicia de los hombres.

Y algunas veces, las dos cosas están totalmente enfrentadas.

Enrique Piñeyro toma el caso de un ladrón y asesino (o al menos así lo presentan todos los informativos al comienzo del film) que resulta no ser tan así. De a poco, Piñeyro deconstruye todos los argumentos, los analiza, escucha los testimonios, revisa las filmaciones, y demuestra que la justicia no es tal.

"El Rati Horror Show" es un documental muy efectivo, que consigue con habilidad demostrar su punto. También peca un poco de efectista, cuando personaliza demasiado. Pero claro, es difícil no personalizar, no indignarse con aquellos quienes mandaron a un hombre por 30 años a prisión, sin evidencia medianamente sólida.

Hay algunos momentos fascinantes (como el del testigo principal que, curiosamente, es el Presidente de la Asociación de Amigos de la Comisaría 34, la involucrada en el hecho, y se lo ve en plena comisaría, como si fuese uno más), y otros un poco más pobres. Pero hay, también, algunas afirmaciones livianas, pero bien intencionadas.

El gran mérito del director es presentar un caso legal en términos claros, hacerlo accesible, y acercarlo al espectador lo suficiente como para que éste se indigne.

Porque indignación es la primera de las sensaciones que provoca. Y luego miedo. Miedo de que lo que le pasó a Carrera, le pueda pasar a cualquiera de nosotros.

La palabra "Horror" en el título, está allí para recordarnos que además de documental, se trata de una película de terror.

Desde los primeros flashes informativos de la "Masacre de Pompeya", hasta los créditos finales, "El Rati Horror Show" atrapa, conmueve, indigna, preocupa.

Muy recomendable.

[***1/2 / *****]

Crítica: El Estudiante

Estudiantes, estudiantes a estudiar!

"El Estudiante" tiene como protagonista a un pibe que no estudia. Su mundo no es el de los apuntes, los exámenes, las horas en vela tratando de aprender. Su mundo es el de la política.

Su director, Santiago Mitre. presenta una historia que tiene mucho de real, pero que probablemente no busque quedar reducida a los ámbitos académicos. "El Estudiante" es una película sobre política, que roza, sin negarlo, a la política macro, no sólo la de la universidad.

Se maneja en un mundo de eslóganes vacíos y argumentos panfletarios. Y en un principio pensé que podría tratarse de una insuficiencia del guión (no poder explicitar los puntos de vista de cada agrupación), o de un intento de no confundir al espectador, o evitar que tome partido a partir de sus prejuicios, pero no, probablemente sea una decisión consciente: la política se maneja así.

Una de las mejores escenas transcurre (irónica, pero acertadamente) en un salón de clases. Allí, un choque entre los distintos puntos de vista de alumno y profesor, culmina en los argumentos vacíos de uno, siendo demolidos por los del otro. Y sin embargo, minutos después, el vencedor aparece "traicionando" a su agrupación.

Es que en "El Estudiante" no hay inocentes. Es política. Es un mundo sucio, donde todos calculan su beneficio.

Las actuaciones son muy buenas, ajustadas a la realidad. A veces, cuando los personajes parecen no recordar su guión, no es por los actores, es por el cassette, son los personajes no recordando su guión interno, su lista de argumentos.

En este momento me viene a la memoria otra escena, también en un salón de clases, en que se da una discusión sobre la función del Estado, sobre Hobbes y la inherente maldad en el ser humano: sin duda un resumen interesante de lo que trata la película.

El mundo universitario alejado de lo académico, tiene mucho de real y mucho de preocupante.

La política como muestra de la condición humana, también.

[*** / *****]

Crítica: Balada Triste de Trompeta

Distinta a todo

Me gustaría poder saber qué pasa por la mente de Álex de la Iglesia. Me gustaría poder llegar al fondo de sus ideas y obsesiones, y poder entender cómo se mezclan, cómo llegan a conectarse.

Y digo que me gustaría, porque en "Balada Triste de Trompeta", están todas las cosas allí, pero no necesariamente está explícito. Es más, es hasta posible que no haya una verdadera conexión.

Porque, a lo mejor, se trate de una película que trata sobre la violencia desatada, que se manifiesta en la lucha entre el franquismo y los rebeldes, y penetra la psiquis de los personajes. Pero tal vez no.

A lo mejor, no existe un mensaje, no existe un intento de extrapolación de la historia del Payaso Triste al mundo real.

No lo sé, pero lo que queda, es una película visceral, fuerte, entretenida, pero incómoda, violenta, dinámica, y muy bien actuada.

Se maneja en varios registros, desde el horror al drama y el humor, sin querer quedarse demasiado en ningún lugar, abrazando su espectáculo circense delirante y fascinante.

No es, de ninguna manera, una película recomendable. No sé, todavía, si me gustó o no me gustó. Ignoro si buscaba ser un alegato en favor o en contra de nadie. Pero eso no quiere decir, que no sea una creación única, atrapante, y muy bien filmada.

[*** / *****]

lunes, octubre 17, 2011

Crítica: Real Steel (Gigantes de Acero)

Materiales reciclados

"Gigantes de Acero" está, como sus protagonistas cibernéticos, hecha de partes de otros. Todo lo que se ve, ya fue contado en algún otro momento, en otra película. Como quien va a un desarmadero en busca de piezas, su director Shawn Levy, toma elementos de varias películas, sobre todo de los 70s y 80s.

Porque, una vez más, en una película en la que figura Steven Spielberg en los créditos, hay un cierto tono, una cierta sensibilidad de esa época, aún en esta película ambientada en el futuro cercano.

Levy muestra una habilidad para conectar con la audiencia. Su manejo visual es sólido, sin buscar apabullar los sentidos. Las escenas de peleas no son difíciles de entender, y los momentos personales están bien planteados y con mucho corazón.

Hugh Jackman interpreta su papel con confianza, con seguridad, y binda una sensación de estar divirtiéndose en su personaje. El nene, Dakota Goyo, es quien se destaca, se roba la película, y se convierte en una innegable promesa del cine.

El gran éxito de "Gigantes de Acero" está en combinar la historia de padre e hijo, con todas sus notas previsibles, con la de la lucha de robots, y que sea interesante en ambos aspectos, aún sin sorprender, pero, por sobre todo, sin necesitarlo.

Su dinamismo, su sentido de la aventura y la emoción, su reticencia a los golpes bajos (salvo quizás entre robots), sus personajes secundarios arquetípicos, y sus protagonistas accesibles, con quienes es fácil relacionarse, hacen de ésta, una película tremendamente efectiva, lúdica, entretenida.

Una de esas películas que se pueden ver en familia una y otra vez.

[***1/2 / *****]

jueves, octubre 06, 2011

Coagulación

De la herida abierta brotó tinta. Como nunca antes, como quizás nunca después, el vital líquido bullía sin detenerse, sin contemplaciones.

Un desangrado público, una cicatrización tan lenta, que pareció eterna.

No puedo describir el placer de sentir la lapicera bailando sobre el papel, o los dedos volando sobre el teclado, como sabiendo lo que tienen que hacer, consciente e inconsciente, al mismo tiempo.

Parece morboso extrañar el dolor, la angustia, la desesperanza, pero no puedo ignorar que de ellos surgió algo maravilloso, mágico, que busco recuperar, hasta ahora sin éxito.

Te perdono la herida, por la tinta derramada.

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