jueves, mayo 31, 2012

Trailer: Les Miserables

Hace años que quiero ver la obra de teatro musical basada en la historia de Victor Hugo. Ahora hay una versión cinematográfica, que tiene muy buena pinta.

Hugh Jackman, Russel Crowe y Anne Hathaway, son un muy buen incentivo, para un film del director de la mediocre "El discurso del Rey".

Ahora: así se vende una película. Enjoy.

domingo, mayo 27, 2012

Crítica: Shame

Cine para adultos

Hace unos meses salió un artículo sobre una supuesta adicta al sexo que, demanda mediante, había conseguido una especie de permiso para masturbarse una obscena (pun intended) cantidad de veces en su trabajo. Por supuesto que esa noticia hizo las delicias de las oficinas de Montevideo.

¿Cómo puede tomarse un concepto que parece tan absurdo y extraño como la adicción al sexo, de otra forma que no sea la del chiste chabacano y la liviandad propia de la mentalidad adolescente de la que adolece la sociedad?

Ese es el reto, y el triunfo del cineasta Steve McQueen (no confundir con el actor) y Michael Fassbender, quienes retratan la vida de Brandon Sullivan, con la seriedad que el tema merece.

La historia se desarrolla en Manhattan en enero, en un mundo en el que la ciudad y los ambientes son personajes también. Ni que hablar del departamento del protagonista, aséptico, carente de personalidad, una caparazón fría y sin vida.

La vida de Brandon Sullivan es así, y McQueen nos muestra, por ejemplo, escenas de su mundo laboral, que nunca son suficientes para llegar a permitirnos una composición de lugar, para poder entender qué hace, cuál es su trabajo. Así de irrelevante como lo es para él.

Y entonces está el sexo. El sexo presentado como algo mecánico y frío. En esta película el sexo es todo menos sexy, erótico. Se trata de una necesidad básica, una urgencia, pero no una satisfacción. Es una droga más, que culmina en un segundo de éxtasis culposo, carente de significación emocional positiva alguna.

Hay algunas escenas de sexo que ilustran brillantemente la dicotomía en la película. [A continuación se habla de una parte importante del argumento, pintar con el mouse para leer] Una es con el protagonista buscando hacer algo más significativo, intentando conectar con su compañera de trabajo. Son los únicos segundos en los que el sexo se presenta como una posibilidad erótica, como algo atractivo y estimulante. Y en ese contexto, a Brandon no se le para.

Sin embargo, casi inmediatamente, lo vemos teniendo sexo casual en el mismo lugar. Salvaje, desenfrenado. Carente de sentido. Y luego está el trío del final. Nunca el sexo se vio tan mecánico, tan feo, tan desagradable. En el rostro de Fassbender, ya estropeado por su gira autodestructiva, fealdad y culpa, y vergüenza y desesperación. Todo en un orgasmo.

Sissy (Carey Mulligan), la hermana del protagonista, está en una crisis similar, pero su droga son los perdedores. Su droga es ser la víctima en las relaciones. Entre esos dos personajes, en su interacción producto de la inevitabilidad genética, está la posible salvación. Pero sólo posible, porque no hay garantías.

Michael Fassbender brinda una actuación impresionante. Su Brandon Sullivan puede ser tanto encantador como profundamente desagradable y grotesco. Siempre creíble, siempre real. Carey Mulligan es perfectamente frágil y autodestructiva. Y, sin embargo, como en esa espectacular escena en la que canta "New York, New York", llena de una trágica belleza.

Muy bien filmada, con una estupenda fotografía y un buen ritmo, buena musicalización y excelentes actuaciones, "Shame" es una película seria, trágica y adulta.

Muy recomendable.

[**** *****]

martes, mayo 01, 2012

Crítica: El árbol de la vida

La insoportable densidad del ser

En algún momento Terrence Malick se la creyó. Puede pasarle a cualquiera que tenga éxito en lo que se dedica, sin duda, y se ve que el hombre no está exento de esos trazos de humanidad.

El problema, entonces, pasa a ser que su obra se vuelve autorreferencial, y un cliché propio, como si de una imitación de sí mismo, se tratase.

Los primeros minutos de "El árbol de la vida" son magníficos. Las imágenes son impresionantes de apreciar, y la carga emotiva y simbólica, si bien carente totalmente de sutileza, logran conectar de una forma tal que el espectador puede sentirse transportado a un poema visual.

Sí, indudablemente que hay algo de pretencioso por demás ya en ese comienzo, que se permite aventurar una conexión desde el comienzo mismo del universo hasta el presente, pero en esa primera parte, parece funcionar.

Pero "El árbol de la vida" no dura 75 minutos, sino casi el doble. Y eso la vuelve insoportable.

Todo lo que Malick tenía para decir se agota en un punto, y luego se vuelve redundante. Y luego lo repite, por las dudas. Y lo que era interesante se vuelve fastidioso.

Llegado determinado punto, las plegarias con voz en off resultan un recurso barato y pretencioso, que no dicen nada que no se pueda decir de otra forma más cinematográfica.

Porque, por un lado, "El árbol de la vida" tiene una de las mejores fotografías de los últimos años (absolutamente maravilloso trabajo del gran Emmanuel Lubezki), pero por el otro, simplemente irrita en su contemplación vacía, en su cámara de movimiento libre, que termina mareando.

Las actuaciones son muy buenas y naturales, dentro de lo que el formato permite (pocos diálogos, mucha voz en off, muchas imágenes de la nada), por lo que no se puede agregar mucho en esa área.

La música de Alexandre Desplat es muy buena, también, aunque no memorable, cosa que quizás debiera ocurrir, en una película en la que no hay tantos sonidos con los que competir.

La película está poblada de momentos visualmente impactantes, pero vacíos, llena de pequeñas viñetas que, en otro contexto, como refuerzo a una narrativa con dirección (en el sentido de propósito), quizás podrían realzar la historia, darle una magia, un sentido de profundidad y nostalgia. Así como están, mueren en su propia redundancia.

En definitiva "El árbol de la vida" se hunde por el peso de su propia gravedad y sentido de la importancia. Malick se deja embriagar en una obra totalmente autoindulgente, que cree decir mucho, y no dice casi nada, sólo que lo repite hasta el hartazgo.

Una lástima


[*1/2 *****]

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