jueves, octubre 31, 2013

Ensalada de libros

  • Estoy buscando algo para leer, pero no sé qué. Me está haciendo falta leer un buen libro.
  • Fue el cumpleaños de mi mejor amigo y le regalé dos clásicos: "Fahrenheit 451" y "Rebelión en la granja". Creo que nunca leí el de Bradbury. El de Orwell es espectacular.
  • La única Biblia que tengo me la regaló un huésped americano del hotel donde trabajé en la recepción, hace cinco años. Eran tiempos difíciles para encontrar trabajo en lo mío, yo ya era abogado, pero había que arreglarse con lo que hubiera (el trabajo estaba bastante bueno) y me colgué a conversar con el tipo (Scott Taylor se llamaba). Me la dedicó "To Martin, counselor of truth". Se lamentó por no tener una versión en inglés (porque hablamos en inglés todo el tiempo). Obvio que no le dije que soy ateo. Igual siempre me pareció un lindo gesto.
  • Mi novia leyó "La sombra del viento", luego de que le insistiera de todas las formas posibles. Me lo terminó agradeciendo, aunque lloró como una condenada. Tiende a pasar eso cuando le recomiendo libros y películas. Terrible.
  • Me estoy comprando la colección completa de "Peanuts", las historietas de Charlie Brown y su pandilla, en formato precioso con tapas duras y en cajas de 4 años de historias cada una. Preciosas. A veces no puedo con mi coleccionista interno.
  • ¿Mencioné que estoy buscando algo para leer? Lo último que leí fue "The Cuckoo's Calling" de Robert Galbraith, o mejor dicho de J.K. Rowling. Vale la pena. Pero ya pasaron unos meses de eso.
  • En realidad leí después un cuento de Alice Munro, la que ganó el Nobel. No me pareció nada mal.
  • La otra vez escuché gente hablando bien de "El niño con el pijama a rayas", que debe ser de las cosas más espantosas que leí en mi vida. Un libro detestable 100%, por ser descaradamente manipulador. Y sin embargo, no era la primera vez que escuchaba hablar bien del libro. Es más, ¡en la feria del libro me lo recomendaron!
  • ¡Qué mal que se haya muerto tan joven Michael Crichton! Se lo extraña, la verdad.
  • Traté de empezar a leer el primero de Percy Jackson y no pude. Me aburrió demasiado. No quiero intentar con "Los juegos del hambre", después de la desilusión que resultó ser la primera película.
  • Estoy mirando desde mi cama los libros que tengo para leer, y creo que voy a probar suerte con "Paranoid Park". Veremos...


lunes, octubre 21, 2013

La Montaña de los Escritores

Parte Primera

El escritor llevaba escalando ya dos días, que parecían muchos, muchísimos más. No había articulación y músculo que no le doliera, y había descubierto que de ambos tenía muchos más de los que parecía.

El ascenso a la montaña era tremendamente difícil.Días enteros de subida por riscos traicioneros, con las rocas desmoronándose a los pies de quienes escalaban. Eso sin contar los vientos gélidos y los tramos en los que apenas alcanzaba para caminar sobre el abismo. Y aun así, arriesgados escritores de todas partes del mundo, intentaban la hazaña.

La leyenda decía que algo allí, en la cueva que se encontraba en la mismísima cima, aseguraba el éxito literario eterno. Se decía que todos los grandes escritores clásicos habían pasado por allí, para luego descender con sus plumas llenas de magia.

La determinación del escritor era incansable... Su soneto sobre la primavera había recibido críticas tibias y escasísima repercusión, y su oda al amor cortesano fue objeto de un desprecio activo por parte de las masas, al menos aquellas que llegaron a prestarle atención.

Él sabía que dentro de sí estaban las ideas, las palabras. Juraba, sin temor a equivocarse, que la grandeza estaba tan solo a un paso. Sentía las palabras en la punta de la lengua, en las yemas de los dedos. Estaban allí, sólo le faltaba hilvanarlas, encontrar el orden exacto en el que fueran capaces de reflejar su ser. Para ello, la Montaña de los Escritores era la solución, y el último recurso.

Cuando al mediodía del tercer día vislumbró la cima por primera vez, casi se derrumba en llanto. Lo hubiera hecho, probablemente, si no hubiese temido que el viento congelara las lágrimas ni bien salieran de sus ojos, convirtiéndose más en un problema que en un desahogo.

Pero faltaban varias horas aún, y la noche, ¡una noche más!, llena de miedos y soledad.

Y en la mañana del cuarto día se topó, casi inesperadamente, con la sorpresa que se siente cuando algo se espera por mucho tiempo y finalmente ocurre, con el final del camino. Lo había conseguido.

La explanada que se extendía frente a sus ojos, era azotada por fuertes y gélidos vientos. Pero a esa altura, al escritor ya no le importaba. De a poco, paso a paso, afirmándose y caminando lo que le permitían sus agotados músculos, fue recorriendo la distancia que lo separaba de la meta.

Unos pocos pasos antes de llegar, se topó de frente con dos hombres con apariencia de guardias, que lo saludaron.

-        ¿A qué vienes? – Preguntó uno de ellos.

-        Vengo a buscar inspiración, a encontrar las palabras, a obtener el reconocimiento del mundo. – Contestó, tratando que su desesperación no fuera evidente.

-      ¿Estás seguro que eso es lo que quieres? – Preguntó el otro guardia. – ¿No prefieres acaso otra vida que no sea esa?

-     ¡No! – Dejó escapar el escritor, en un tono que tanto era de rechazo a la idea, como de súplica. No estaba en condiciones físicas de luchar por entrar, pero la sola idea de no conseguirlo le aterraba.  – No deseo otra cosa en el mundo que poder escribir. Las palabras son mi vida, mi razón de ser. Cada cosa que me pasa, cada cosa que veo, cada sensación, todo me pide a gritos que lo transforme, que lo plasme en el papel. ¿Por qué? ¿Qué ocurre? ¿Cuál es el problema? ¿No me dejaréis entrar?

-        Podrás entrar si así lo deseas. – Dijo el segundo guardia. – Pero debes saber que el precio que pagan quienes entran es muy alto. Allí adentro muchos hombres se han vuelto locos, locos por completo. Estás advertido, si deseas arriesgar tu cordura y quizás tu vida, eres libre de hacerlo.


Con estas palabras, los guardias se apartaron, dejando libre la entrada a la cueva...

sábado, octubre 12, 2013

Pretérito perfecto y simple

Añoro un tiempo idílico, perfecto desde todo punto de vista, con el sol del verano brillando, sin quemar.

Extraño ese tiempo en el que viví de otra manera, en el que todo el mundo estaba lleno de oportunidades, una tras otra, y yo las aprovechaba y vivía hasta las últimas consecuencias.

Un tiempo maravilloso, en el que ser joven era fácil y ser feliz aun más.

Extraño ese tiempo, ese momento de mi vida, que en realidad nunca existió.

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