domingo, noviembre 23, 2014

Crítica: Boyhood


Menos es más

El cine nos enseñó que en la vida importan las primeras veces, los pasos importantes e históricos, los "momentos que nos definen". Y la realidad es que no es así.

Richard Linklater armó una película a través de 12 años de filmación (una semana por año), que patea el tablero y nos dice que somos seres en movimiento, que no hay "un momento" que nos haga quienes somos, que la vida es el transcurrir.

"Boyhood", en ese sentido, es un hallazgo por lo que cuenta y por lo que no. El cine no es sólo lo que la cámara muestra, es también lo que omite, lo que da por supuesto, lo que permite descubrir. Porque en el mundo que se crea, sus personajes conviven durante años, de los que vemos apenas unos instantes. No todo se concentra en mojones.

Linklater nos invita a ir descubriendo la vida de Mason (un muy buen Ellar Coltrane desde los 6 a los 18 - 19) junto con él. Y lo que podía en los papeles sonar a artificio, se vuelve arma narrativa indispensable.

"Boyhood" solo puede existir por cómo se filmó. Esa forma absolutamente antinatural de hacer cine, se vuelve la única posible, la más natural de contar esa historia que va tomando su propia forma.

El director descubre la película mientras nosotros descubrimos a los personajes y éstos descubren las personas que son y serán.

Las actuaciones son todas muy buenas, y especial mención se debe llevar Patricia Arquette, matriarca de la familia, que carga con gran parte del peso dramático de la cinta.

La música elegida en su momento, los detalles, la ambientación, todo contribuye a armar una película sólida y en movimiento (temporal).

Mientras Nolan se perdía armando explicaciones del espacio-tiempo y presentando en monólogos rimbombantes el tema del amor (y sobre todo el filial), Linklater armó una película en la que no necesita que pase casi nada, no necesita explicar, para decirnos todo lo que tenemos que saber acerca del tiempo, de la familia y de la búsqueda de saber quiénes somos.

Aplausos.

[**** *****]

Crítica: Interestelar



En el espacio nadie te puede oír sobreexplicando

"Interestelar" no es una película. Son dos. Y una de ellas está armada de varias partes de otras.

Por un lado está esa en la que la acción transcurre en la Tierra, que es la que mejor funciona, al menos al principio (el comienzo es muy sólido). Esa película parece contener verdadera humanidad. Luego, con el avanzar del metraje, iremos comprendiendo que esa humanidad es caprichosa, y funciona sólo en base a las conveniencias del guión. Lo que más vale es la relación de Cooper con su hija (cuando niña), y esa parte está muy bien.

La otra mitad es una especie de monstruo de Frankenstein de otras cintas. La primera, la más obvia, la que subyace en la estructura misma del relato hasta hacerse insoportablemente evidente en el final: "2001: Odisea del espacio". Allí Nolan recorre una fina línea entre el homenaje y el robo.

Esa parte, la "interestelar" per se, tiene también mucho de "Gravedad" (aunque en ese caso y por los tiempos, diremos que es coincidencia), de "Sunshine" de Danny Boyle, y de "Inception", del propio Nolan. Cabe destacar que las cuatro películas mencionadas son notoriamente superiores a la que inspira estas líneas.

Pero allá donde "2001" se volvía filosófica y metafísica "Interestelar" se pone densa, sobreexplicada, predecible, ñoña.

Christopher y Jonathan Nolan eligen los caminos más complicados, las vueltas más largas y los monólogos más infames (¡oh, por dios el amor como elemento universal!) para contar una historia que no requería de nada de eso.

¿Quiere decir que todo está mal? No. La película entretiene, es visualmente atractiva, hasta asombrosa, y está bastante bien actuada (muy bien Matthew McConaughey, Mackenzie Foy y Jessica Chastain, no tanto Michael Caine y Anne Hathaway).

Pero no todos los detalles técnicos son igualmente buenos, y la música, por ejemplo, no solo no termina de ser buena, sino que se vuelve demasiado intrusiva y se pone molesta por momentos.

Las ambiciones de Christopher Nolan son grandes, pero su épica espacial se hunde en su propia importancia, sus autoindulgencias y una narrativa en paralelo innecesaria.

En cine, funciona, porque todo eso se disimula en la espectacularidad.En una pantalla más chica, parece muy dudoso.

[**1/2 *****]

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