martes, mayo 21, 2013

Crítica: El gran Gatsby



Jugarse todo

Baz Luhrmann es un director con una voz y una mirada propias, que no deja de contar las historias a su manera. Y su manera es la mezcla entre el clasicismo de Hollywood y sus historias de romance épico por un lado, y por el otro un estilo visual y dinámico de libertad y espectáculo, con una edición frenética y casi de videoclip.

En "El gran Gatsby" todo eso está de manifiesto. Y el resultado es más desparejo que en entregas anteriores, por tratarse de una historia con dos momentos bien diferentes: primero el espectáculo, la seducción del mundo desenfrenado de los 20s, y luego el romance trágico.

El problema en esta película es justamente ese: son dos aspectos que no terminan de coexistir armónicamente, como una especie de bipolaridad.

Por el lado del elenco, Tobey Maguire lleva adelante el relato con toda la honestidad que su personaje merece. Y luego está DiCaprio, que tiene el carisma necesario para ser un Gatsby con todas las letras. Sí, admito que muchos "old sport" suenan forzados, pero es parte de la esencia de Gatsby.

No tan buena suerte tiene Carey Mulligan, que no logra hacer que su Daisy tenga el encanto necesario. Como audiencia deberíamos enamorarnos de ella tanto como Gatsby. Pero no, porque Daisy no tiene nada que nos permita perdernos en sus encantos.

La música moderna, la edición rápida, los efectos visuales, agregan atractivo, y no juegan en contra de una historia de época, sino que la vuelven dinámica e interesante. Este aspecto, el director lo tiene más que controlado. Sí, cuesta un poco acomodarse, y la historia no parece terminar de empezar a contarse. Pero luego, cuando baja la intensidad, se empieza a extrañar.

Párrafo aparte merece el diseño de producción (escenografía, maquillaje, vestuario), que son de primer nivel y dan a la película una apariencia extraordinaria. Luhrmann está jugando en primera, y se nota.

Tratando de entender dónde es que no termina de tener éxito "El gran Gatsby", creo que es en la épica misma del romance. A todas luces se trata de una tragedia clásica, con los elementos básicos de la misma, y está todo en pantalla, pero no en nuestros corazones.

En ese sentido, es una película despareja, que lucha con los tonos y no termina de armonizarlos. Pero no se puede decir de ninguna manera, que no se trata de una película ambiciosa.

En un mundo lleno de películas hechas casi de fábrica, sin riesgos, sin identidad, "El gran Gatsby" demuestra una ambición más que bienvenida, y que se puede tener éxito o fallar, pero lo importante sigue siendo buscar que el cine sea arte.

[***1/2 / *****]

sábado, mayo 04, 2013

Crítica: Iron Man 3

Baile de máscaras


A diferencia de Bruce Wayne y Batman, o de Clark Kent y Superman, Tony Stark y Iron Man no son dos personajes distintos, y Tony es la parte importante, el centro.

Shane Black (gran guionista, aquí en su segunda vez como director) lo entiende perfectamente y cuenta la historia siempre desde el punto de vista de Tony. El traje es un accesorio, es una armadura para Stark, pero no debería ser nada más. Salvo en esta película, en la que también es una adicción.

A tal punto el centro es Stark, que los momentos en los que lo vemos con el traje puesto son más bien escasos, y no se siente la falta, porque Iron Man no es tan solo un estado.

La personalidad del protagonista sirve de impulso a la historia, y su relación con cada uno de los personajes que van apareciendo en pantalla, es la que da la tónica del desarrollo de la película, que tiene tanto de acción y drama como de comedia.

La historia está contada desde la comedia (gran acierto) y eso la despega de otras de superhéroes, sin restarle seriedad al asunto, sin que se sienta que no se juega nada importante. Ese es uno de los grandes puntos fuertes del universo Marvel, en el que cada película tiene sus propios códigos, y es contada en el tono que mejor convenga al héroe de turno.

Robert Downey Jr. es, por supuesto el alma del protagonista y la película. En su capacidad de cancherear sin perder humanidad, reside el éxito de la cinta. Sí, está lleno de sarcasmo, pero no le falta corazón. Obviamente no está solo. Con él están Gwyneth Paltrow, Don Cheadle, Guy Pierce, Jon Favreau, entre otros, todos de muy buena tarea, haciendo el contrapunto necesario.

Y después está Ben Kingsley, en el papel de El Mandarín, que simplemente la rompe. No hay mucho más para decir, porque no vale la pena adelantar nada, pero su actuación rompe con unos cuantos preconceptos, y agrega una capa más de complejidad al asunto.

Tony y Pepper, Tony y Rhodes Tony y Harley, el nene que lo ayuda en el medio de la nada. En base a esas parejas y sus intercambios de genialidades del guión, todos perfectos, justos, dinámicos, se arma la historia en la que las escenas de acción son disfrutables (acción bien filmada, con sentido de la geografía y el movimiento), pero son la frutilla de la torta.

Quizás pueda haber algún hueco en la trama, que tantas líneas trae, y que resultan casi inevitables en un mundo tan complejo en el que esta película convive con otras seis, más todas las que están por venir, pero en el goce lúdico, en el disfrute mismo de la acción, cualquier problema se vuelve irrelevante. Iron Man 3 es cine en estado puro.

Sí, al final quizás hay algún exceso, en pos de la espectacularidad, y sí, si uno empieza a darle muchas vueltas al asunto puede que llegue a tener dudas sobre si todos los problemas por los que pasa Stark son necesarios o eran perfectamente evitables/solucionables. Pero nada de eso importa demasiado, porque Iron Man 3 es 100% disfrutable, entretenida, dinámica, con corazón pero sin caer en el sentimentalismo, y quizás la mejor película del universo Marvel hasta ahora.

Imperdible.

[**** / *****]

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