Crítica: Zombieland
"Zombieland" es un ejemplo de cómo funciona esa línea entre el terror y el humor. Grandes directores (Sam Raimi, Peter Jackson) han sabido encontrar esa vuelta, en la que la tensión generada por la inminencia de la muerte por desmembramiento, se libera en una carcajada.
Lo que pasa acá en "Zombieland" es un gran ejemplo de eso. Se trata de una comedia de terror que se maneja hábilmente en ambos mundos, con escenas de "gore" realmente gráficas, que causan miedo y asco, y momentos genuinamente hilarantes.
Dentro de estos últimos, hay un cameo que no vale la pena arruinárselo a potenciales espectadores, pero que es la esencia de un buen cameo, y que a este espectador, casi lo deja tirado en el piso del cine.
El director logra crear un estilo narrativo que se maneja bien en los dos registros, y nos presenta a personajes queribles, con los que es fácil identificarse, y que nos importe su suerte, con un elenco reducido y súper eficiente, que se compromete con sus personajes, y parece divertirse con la historia, tanto como quienes estamos frente a la pantalla.
El resultado es un producto visualmente atractivo y dinámico, con una fotografía adecuada, y un diseño de producción acorde a las necesidades de la película (los efectos de maquillaje son, además, excelentes).
Por un lado, una muy buena película de terror, que toma un Romero "light", y respeta los cánones del género.
Por el otro, una brillante e hilarante comedia.
En definitiva, una película imperdible para los amantes de esas en las que el terror y la comedia no sólo coexisten, sino que se potencian.
[***1/2 / *****]


