domingo, enero 12, 2014

Crítica: Rush


Un motor bien afinado

Ron Howard es uno de esos directores que son poco respetados por no tener un estilo demasiado definido y reconocible, y con esto, haber cometido el pecado de ganar un Oscar, cuando tantos hay que aún no lo recibieron. Sin embargo, no puede dejar de desconocerse que logra adaptarse muy bien al material que le toque y en algunos casos logrando (y "Rush" es un ejemplo) sacar lo mejor del mismo.

"Rush" es una película sólida, bien contada, con dos protagonistas carismáticos, que crean personajes absolutamente creíbles. Además, está filmada respetando una estética setentista, e integrando los efectos especiales de forma tal, que todo parece auténtico.

Llama la atención, cuando uno ve el presupuesto, que se trata de una película (para los estándares de Hollywood) muy barata, porque en cada carrera, en cada curva y accidente, hay una enorme verosimilitud y la emoción se transmite.

Daniel Bruhl es excelente, y Chris Hemsworth también. Parten de la creación de ciertos arquetipos, que son útiles a la hora de plantear la rivalidad, que es personal, pero sobre todo de estilos, pero logran superar la tentación de la unidimensionalidad. Sus personajes viven y respiran, y es mérito suyo y también del guión y el director.

Un acierto, en ese sentido, no plantear la rivalidad en términos de "bueno y malo". Son diferentes, y esa diferencia es celebrada en las actuaciones (ambos parecen disfrutar cada detalle de sus roles).

El mayor mérito de la película, es transmitir la emoción. En el caso de las carreras, a partir de una dirección consciente de la geografía (algo que se omite muchas veces en películas no tan bien filmadas), de la ubicación de la cámara en el lugar justo, y la edición perfecta. Además, está la música.

Hans Zimmer es protagonista principal en esta cinta. Su música crea tensión, casi sin que uno se dé cuenta de lo que está haciendo. Quizás no tenga un tema distintivo recordable, pero cuando comienzan los créditos, se vuelve evidente que la atmósfera le debe mucho a su trabajo.

Pero además de las carreras, están los protagonistas. La emoción no se escatima ahí. Nos importan, nos importa que logren sus objetivos (cuando es aparentemente imposible, ya que son contrapuestos). Cuando la felicidad y el éxito de los personajes se pone en las prioridades, es sin dudas un éxito de la película.

Por momentos, "Rush" se vuelve difícil de ver (particularmente lo concerniente a un accidente y sus secuelas), pero es mérito de su dirección el atrapar y emocionar, horrorizar y poner, al final, una sonrisa de satisfacción.

Una gran pequeña película, que los amantes de la F1 no deberían dejar pasar.

[**** / *****]

miércoles, enero 08, 2014

Crítica: The Wolf of Wall Street


Que no se acabe la fiesta

Quisiera llegar a los setenta y pico con la vitalidad de Martin Scorsese. Bueno, en realidad quisiera tener ahora, con cuatro décadas menos, la vitalidad de Scorsese, o por lo menos la que deja entrever en "The Wolf of Wall Street".

La más reciente del director (que no la última) es una película dinámica, una fiesta constante, tanto para los personajes, como para los espectadores.

Es una historia que ya se ha contado varias veces, es más, el mismo Martin la ha contado ya en, por lo menos, un par de oportunidades: el tipo (en este caso Jordan Belfort, autor del libro) ambicioso, self-made-man, que asciende a la velocidad de la luz, para estrellarse igual de estrepitosamente.

Y sin embargo, se siente fresca, nueva. Y si es así, es por ese dinamismo, ese ritmo vertiginoso y la impresionante mezcla de drama y humor de la cinta. Porque "The Wolf of Wall Street" es, definitivamente, una comedia, género que hace tiempo no veíamos de la mano del director.

En esa pseudoanarquía, el rey es Scorsese. Flashbacks, rompimiento de cuarta pared, imágenes de video, narración, explicitación de pensamientos... todo vale para contar de la mejor manera, para contar y celebrar el cine.

Leonardo DiCaprio reafirma (una vez más, y van...) que es uno de los grandes actores de los tiempos modernos. Pocos son capaces de crear un personaje tan carismático, capaz de hacer las maniobras financieras más atroces, y sin embargo ganarse al público. Sí, claro que queremos que termine pagando, pero nadie puede negar que disfrutamos cada exceso, cada discurso motivacional, cada esnifada de coca del cuerpo de una prostituta, cada aberrante e hilarante momento.

Jonah Hill es una revelación de versatilidad. Kyle Chandler... baste decir que poca gente transmite tanta integridad como ese tipo. Gracias a él es que recuperamos el norte.

Se ha acusado a la película de ser una celebración de los excesos. Y no deja de ser cierto que el sexo y las drogas, y más sexo, y más drogas, están presentados por momentos en tono de fiesta descontrolada y alegre. Pero Scorsese no descuida la perspectiva y confía en el espectador para entender el mensaje.

Jordan Belfort no es celebrado. ¡Pero vaya que en su decadencia supo divertirse! Y Scorsese nos invita a divertirnos también, mientras lo acompañamos en su ascenso y caída.

Sólida, dinámica, entretenida, hilarante, dramática, inteligente. Una película de esas que tienen que estar siempre en las listas de las mejores del año. ¿Que es enero? No importa. En poco más de 11 meses hablamos.

Imperdible.

[****1/2 / *****]

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