miércoles, febrero 12, 2014

Crítica: Dallas Buyers Club



El actor, por sobre todas las cosas

Hay algunas películas que viven gracias a ciertas actuaciones. Son películas que pueden estar mejor o peor construidas, tener un guión más o menos bueno, sólido, contar con una edición más o menos creativa, pero que aquello que las hace particularmente memorables es el trabajo de quienes están frente a la cámara.

"Dallas Buyers Club" es un claro ejemplo. La película es buena, sí, sin ser brillante. Está bien contada, es interesante, y presiona los botones correctos de compasión, simpatía, indignación y satisfacción.

Pero, por sobre todas las cosas, "Dallas Buyers Club" es Matthew McConaughuey y también Jared Leto. En el primero cae la mayor parte del peso dramático de la película. No está presente en unas 10 escenas, pero en el resto es su lucha, su interpretación al borde de lo perfecto, donde reside el éxito. Desde su transformación física, hasta cada gesto, cada entonación, cada palabra, Ron Woodroof vive y muere con él.

Y en el caso de Leto, su interpretación es fantástica, haciendo un personaje que podía estar tan cerca de la caricatura, y sin embargo es tremendamente humano, tan frágil como con su fachada de valentía. En cada pequeña escena, brilla con luz propia. Una de esas actuaciones que definen una carrera, y que ganan Oscars, pero de los bien merecidos.

Porque en ninguno de los dos casos hay falsas afectaciones, exageraciones ni simplismos. Sus personajes son creados desde su misma humanidad, tridimensionales, sentidos.

Cabe destacar, que el resto del elenco cumple de buena forma (bien Jennifer Garner, una vez más, y van...).

En lo demás, "Dallas Buyers Club" es prolija, interesante, presentando una cara un poco desconocida y bastante vergonzosa de la lucha contra el Sida a finales de los ochenta. Porque, vale recordar, hace no tanto tiempo, era una cuestión de homosexualidad y vergüenza. Y muerte. La muerte que siempre está subyacente.

Sí, el final es un poco abrupto, y hay ciertas cosas que quedan no del todo bien cerradas, y sí, se la puede acusar de no innovar, de ser una versión más de una historia conocida, de presentar arcos en sus personajes, que no ilustran nada nuevo. Pero, una vez más, es el cómo, en manos de esos dos actores, lo que le da una vida más allá del papel.

Vale la pena verla por McConaughey y Leto, que demuestran que tienen mucho para dar de sí.

Bienvenidos sean.

[***1/2 / *****]


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