Crítica: Prometheus



Trampas al solitario

Hay pocos directores con la capacidad de crear mundos como Ridley Scott. Sus mundos parecen reales, envolventes, gastados por el uso cotidiano. Su capacidad para crear una atmósfera única y casi palpable, vuelve a la luz en "Prometheus", que toma, en ese sentido, mucho de sus mejores películas (entre ellas, obviamente "Alien").

Y algo que también consigue Scott es generar ansiedad, sobresaltos, hacer una experiencia disfrutable (entendiéndose que se puede disfrutar la tensión).

Un punto a destacar es la banda sonora, que funciona perfectamente para generar un clima de tensión, y a su vez de asombro, cuando corresponde, con temas que crean familiaridad durante el metraje.

"Prometheus" viene cargada de preguntas un poco pretensiosas, que buscan llenar de contenido cuasi metafísico y existencial, a una película que no lo necesitaba. Esa pretensión de profundidad, de búsqueda de significado (planteada desde muy temprano en la película), es no sólo innecesaria, sino que perjudica a la película.

Lo hace porque el relato no se da el lujo de tener respuestas, pero tampoco reflexiona sobre los temas.

Quizás las preguntas de "Prometheus" no deban ser respondidas, o no puedan serlo sin un hubris demasiado grande, pero aún así se las podría contemplar, se podría meditar sobre el asunto.

Pero no. Hay dos películas en "Prometheus", una de terror y acción, bien filmada, visualmente impresionante (algunos efectos, como en el prólogo, son simplemente espectaculares) y con buen ritmo. La otra es una pseudo reflexión sobre la naturaleza humana, que se ahoga en su propia pretensión, que está llena de connotaciones filosóficas y religiosas tan obvias que hasta los personajes prácticamente lo declaran, y que diluye el entretenimiento propuesto por la primera, al punto de quitarle el sentido.

El elenco realiza un sólido trabajo, con personajes que son unidimensionales, de los que no se aprende nada, y a quienes mucho menos se les permite mostrar su naturaleza, más allá de sus diálogos.

Hay dos o tres "sorpresas" en el film, tan evidentes como irrelevantes, y muchas preguntas. No las preguntas que se hacen los personajes, porque esas pierden su sentido, sino preguntas que surgen de un producto que parece un queso gruyere de inconsistencias en su trama.

Nadie hubiese culpado a "Prometheus" si hubiese sido una película de acción y terror, como lo fue (y muy exitosamente) "Alien". No se le tenía por qué exigir más. Pero el guión mismo plantea un tema que no puede manejar sin caer en contradicciones y frustraciones.

Su propia ambición, la vuelve una película fallida, muy atractiva de ver, y atrapante en su acción, pero fallida al fin.

[
**1/2 *****]

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