domingo, abril 27, 2014

Crítica: El Gran Hotel Budapest



Una cajita de repostería con un lazo a tono

El peligro de ser un director como Wes Anderson, y de tener un estilo visual y tonal tan marcados, es que siempre se está al borde de la autoconciencia, que lleve a la autorreferencia, y termine en autoparodia. Un director demasiado consciente de que tiene que dejar su marca, puede caer en el exceso.

"El Gran Hotel Budapest" logra maravillar, por ser de las más extremadamente "andersonianas" de sus películas (comparar, por ejemplo con Moonrise Kingdom, que presenta ambientes mucho más naturales), y sin embargo ser mejor película, justamente por ello.

Anderson construye mundos íntegramente, desde los cimientos, y los dota de su sensibilidad, tanto estética, como dramática, y los vuelve coherentes en sí.

Y allí está la mano de un director que sabe lo que hace. Porque hay escenas, como la de la persecución en trineo, que funcionan solamente en el contexto de la película; escenas que para una audiencia de 2014 no deberían funcionar, ya que coquetean en exceso con la animación, pero lo hacen por ser parte de ese mundo que él propone. Esto lleva, indefectiblemente, a reflexionar sobre la importancia del tono y la coherencia interna.

El "suspension of disbelief" que permite que uno vea una película y aceptar lo que en ella pasa como válido, es hijo no tanto de la verosimilitud visual, sino de la coherencia, la homogeneidad en la presentación (o del quiebre de la misma, pero siguiendo ciertos códigos preacordados), y de la mano segura que ordene, que le dé sentido.

Y hay que agregar, por supuesto, un elenco que acompañe.

¿Quién podría dudar que, luego de su impresionante trabajo en esta película, Ralph Fiennes se vuelva un actor más de esa troupe a la que Anderson recurrirá en sus futuros trabajos? Su actuación, entre la parodia de lo sofisticado, el timing cómico y la melancolía (la melancolía es eje fundamental del universo Anderson), es simplemente perfecta. Verlo (¡y escucharlo!) es un verdadero placer.

En el resto del elenco, Willem Dafoe y Adrian Brody tienen cara para películas del director. Y ambos, forman parte de ese lindo exceso que tienen que tener los villanos. Edward Norton, ideal como siempre, Jude Law muy bien y Saorsie Ronan es un encanto. Corresponde aquí una mención especial para Tony Revolori, cuyo personaje Zero es pieza fundamental, y no desentona en lo absoluto, dotando a nuestro protagonista, de una inocencia y encanto más que bienvenidos.

La ambientación, los sets, la música, el ritmo, la combinación de tonos (ni aun los momentos más felices están excentos de su carga oscura, felizmente disimulada en la estética kitsch y el humor de los personajes), son todos típicos del trabajo de su director, y todos son un acierto.

Un encanto de película, totalmente recomendable.

[**** *****]

martes, abril 08, 2014

Crítica: Noé

Haciendo pie

Cuando un director logra, luego de muchos años, que un estudio le dé financiamiento a su proyecto anhelado, a su "passion project", como les llaman, muchas veces es causa para temblar y preocuparse. Porque en muchos de esos casos, el resultado es algo sin control, caótico.

Aronofsky está aquí cerca de ese tipo de excesos. Tomando en cuenta, además, que no se trata de un director que se caracterice por su sutileza, era de esperarse que "Noé" terminara siendo un enorme fracaso. Pero no lo es. En parte, es gracias a los momentos de genuina emoción que encuentra, y la inteligencia para leer más allá de lo superficial. En otra gran medida es gracias a Russell Crowe.

Crowe es un actor de esos que son muy discutidos. Es, en algunas películas, excelente. En otras tantas, no logra dar con la tecla de su personaje. Pero aquí, como Noé, es todo lo que tiene que ser. Su intensidad, su obsesión, su integridad, son todas armas para construir un personaje que es tan simple en su forma de entender su deber, como complejo por lo que ello implica.

El resto del elenco está casi todo muy bien, particularmente Jennifer Connelly y Emma Watson, que deben cargar con un gran peso dramático en respuesta a lo que Crowe plantea. Anthony Hopkins existe sólo para cancherear y devorarse la pantalla en cada aparición. Como corresponde.

Donde flaquea es en Ray Winston y su Tubal-cain, tal vez porque su actuación es demasiado caricaturizada, pero quizás más aún porque así es el personaje que le tocó. Es en ese punto del simplismo y la caricatura, que la película parece perder pie.

La idea de Aronofsky de plantear con un antagonista claro, la oposición de ideas, la lucha del bien y del mal, la dualidad en el mundo bíblico, es interesante, pero simplista. Y lo que logra es teñir de película de acción, algo que debería ir más allá. Como recurso narrativo, parece inteligente en la presentación de contraposiciones, en el intento de mostrarnos una especie de otra campana. Pero en el tono, es donde se vuelve complicado de mantener.

En cierto sentido, "Noé" es un poco fallida, porque no logra una consistencia tonal y dramática, tendiendo a ciertos excesos. Pero por otro lado, es tremendamente ambiciosa, una suprerproducción que toma riesgos artísticos, que se la juega a reinterpretar una de las piezas de la mitología moderna, buscando entenderla, revisarla, pensarla, cuestionarla, y presentando un trabajo actoral que por momentos es simplemente excelente.

Al final, es bueno que exista una película así.

[***1/2 / *****]

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