viernes, octubre 26, 2012

Crítica: Looper


Lo blanco del ojo


Las películas de viaje en el tiempo no tienen sentido. Sí, seguramente alguien pueda traer algún ejemplo no contemplado, pueda encontrar alguna que no presente fisuras aparentes, pero como regla general, sirve.

"Looper" no escapa a esa regla. Pero tampoco desconoce esa noción, sino que la enfrenta en una de las mejores escenas de su metraje, en la que, básicamente, Bruce Willis le dice a Joseph Gordon-Levitt (y a la audiencia) que no haga más preguntas, que no trate de entender lo que no se puede entender, que no vale la pena.

Es una forma atrevida de verlo, pero bastante honesta.

Entonces lo que queda es presentar algo más, que lo importante no sea la consistencia de la plausibilidad de la hipótesis, sino que el viaje en el tiempo sea una mera excusa para otra cosa más importante, para la historia en sí. Era un poco lo que pasaba con "Terminator" (película a la que "Looper" le debe mucho), en que lo importante era la vida de Sarah Connor (Linda Hamilton) y la persecución, lo meramente visceral.

Las ideas de "Looper" son en general buenas, lo suficiente como para mantener el interés.

El futuro que presenta el director es un mundo distópico, de autos arreglados para andar con paneles solares, sí, pero sucio, de pobreza, de marginación, de abuso de drogas y miserias. Visualmente, es más inteligente que atractivo, quizá producto de una economía de presupuesto.

Bruce Willis hace un muy buen trabajo, con su cancha característica para robarse las escenas. Su personaje debe hacer cosas que son casi imperdonables, y el gran mérito de Willis es no perder al espectador, aun a través del infierno.

Joseph Gordon-Levitt es un gran actor, pero si a alguien no se parece es a Bruce, y esa decisión de casting es desconcertante.

JG-L está maquillado para parecerse a un actor, con el que no comparte absolutamente nada, y el resultado es un factor de distracción ineludible, sobre todo para quienes conocemos bastante al actor. Es casi imposible no quedarse mirándolo con una sensación de que algo "no está bien".

Los otros dos más intrigantes personajes de la película (el de Jeff Daniels y el de Paul Dano) son lamentablemente desaprovechados, con unos pocos minutos en pantalla, mientras que el de Emily Blunt (si bien, afortunadamente, no cumple el típico papel de damisela en peligro), que es bastante menos atractivo, ocupa mucho más metraje.

La película plantea algunas ideas interesantes, y se encuentra, sobre todo en la primera mitad, muy bien construida, pero luego cae en un pozo, con una revelación que no sorprende demasiado, en medio de una espera que no genera demasiada ansiedad, y con personajes que tampoco generan mucha empatía.

En definitiva: hay buenas y muy interesantes ideas, en una película que está bien, pero a la que le falta ritmo, y que adolece de que, en busca de un elenco talentoso, su director haya cometido un error de casting prácticamente insalvable.

Con mención especial a sus ambiciones, "Looper" está bien, como para mirar en DVD.

[*** *****]

Crítica: Moonrise Kingdom



Un mundo de autor

Es muy común en los directores de cine (en Hollywood sobre todo aquellos que lograron una cierta independencia para filmar lo que quieren y cómo quieren) tener en sus films una cierta continuidad temática y/o visual, que su obra esté conectada.

Pero, aun así, es difícil encontrar un caso como el de Wes Anderson, en el que los films sean tan fácilmente identificables. Es imposible ver "The Royal Tenembaums", "The Life Aquatic" o "The Fantastic Mr. Fox" (a pesar de ser animada), por ejemplo, sin suponer automáticamente que son de su autoría.

Y esto sucede con "Moonrise Kingdom", una historia que encaja perfectamente en el mundo cinematográfico del director, y que muestra, una vez más, una forma particular de ver el mundo, y de plasmarlo en el celuloide.

Los 60s combinan muy bien con Wes Anderson. La ropa, los colores, las texturas, van de la mano de la sensibilidad y el estilo del director, lo complementan, y le brindan un mundo en el que sentirse cómodo.

Existe en "Moonrise Kingdom" un extraño equilibrio en un mundo que se muestra estilizado e idealizado, pero también violento, de una forma particular y distinta a la violencia de Hollywood.

En este sentido, la estética mencionada, remite también a los relatos infantiles, las fábulas que la protagonista lleva consigo.

La historia que cuenta Anderson es sencilla, es humana, y es bastante directa, siendo un gran ejemplo de que lo importante no es tanto el qué, sino el cómo se cuenta la historia.

En el elenco, se hace necesario destacar la labor de los dos jóvenes protagonistas. Los niños (preadolescentes) son el alma y el espíritu de la historia, y en ellos se basa el éxito del film. Parece difícil creer que esta sea la primera película tanto para Jared Gilman, como para Kara Hayward, y sin embargo lo es.

Él, transmite inocencia, ternura y tristeza en cantidades industriales. Ella, un exterior tranquilo que esconde una tormenta, una amenaza constante. Juntos, son absolutamente encantadores, y muestran lo mejor de ese momento tan particular de la vida.

El resto del elenco acompaña muy bien, con un Bruce Willis despojado de su estrellato, con Norton perfecto, y un Bill Murray que quizás sea el más desaprovechado del relato.

La música juega un papel importante, tanto en lo que refiere a la orquesta (música compuesta por Alexander Desplat) y las canciones en sí, integradas a la historia en forma más que adecuada.

Si bien "Moonrise Kingdom" es, en cierta forma, un cuento más, de esos que Suzy cuenta, no es, necesariamente, una historia con moraleja. Es sí, una preciosa historia de dos niños que encuentran su refugio el uno en el otro, y cómo encuentran un poco de esperanza.

Muy buena película.

[**** *****]

martes, octubre 23, 2012

Crítica: Casablanca


Siempre tendremos Casablanca

Los clásicos por algo son clásicos, de eso no hay ninguna duda, pero eso no los exime de ser analizados una y otra vez. No todos resisten el paso del tiempo de la misma manera, y a veces requieren un esfuerzo extra para poder ser leídos en su contexto, en sus circunstancias.

Pero "Casablanca" no presenta esa dificultad, porque es perfectamente atemporal. Filmada en 1942, en blanco y negro (aunque ya existían las películas en color), en un estudio lo más lejos de África que pueda ser concebido, la historia que transcurre mayormente en el Café Americano de Rick, funciona tan bien hoy como hace 70 años.

Se ha dicho que Michael Curtiz es el más grande director del que nadie nunca escuchó hablar, y puede que algo haya de cierto. "Casablanca" está brillantemente filmada, con un manejo de las luces y sombras perfecto, con un timing impresionante.

Existen infinidad de clichés en el guión, pero el director juega con ellos, los convierte en parte del juego, y se maneja en registros de drama, acción, romance y humor, perfectamente balanceados.

El director cumple un gran trabajo, poniendo en evidencia ese juego entre diferentes tonos (peligro, emoción, humor) desde esa primera escena, que establece, además, el contexto geográfico político de la historia.

Un detalle no menor a tomar en cuenta, ahora, 70 años después, es que es notorio el uso de sets, miniaturas, imágenes superpuestas, y otros artilugios, pero que no interfieren con la emoción genuina creada por la acción en pantalla. Es muy fácil dejarse llevar por la historia. A esto se le suma un aprovechamiento muy ingenioso de las limitaciones de la época, en cuanto, por ejemplo, a la censura y la corrección política.

"Casablanca" obtiene, entonces, una inesperada libertad manteniéndose dentro de las reglas de juego de la industria cinematográfica de principios de los 40s.

En ese sentido, el triángulo amoroso propuesto por la historia, no presenta soluciones facilistas, permitiendo una lectura propia del espectador. Esto agrega a la épica y a la atemporalidad del relato.

Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. La historia dice que durante la filmación, prácticamente no se hablaban. Y sin embargo, pocas parejas a lo largo de la historia, dejaron una huella tan pronunciada. Ambos mantienen un encanto misterioso y una química perfecta. Ambos parecen decir mucho menos de lo que se guardan. En el caso de Bergman, la incógnita de dónde residen realmente sus afectos, en el de Bogart, hasta dónde puede llegar su dolor y dónde reside su honor.

El resto del elenco hace, también, un gran trabajo. En particular, el Capitán Renault de Claude Rains es un ejemplo perfecto del equilibrio entre el suspenso y el humor. Su reacción al "descubrir" que hay juego ilegal en el Café, es una clara muestra de ello.

Es imposible hablar de "Casablanca" sin hablar de la música, sin mencionar "As time goes by". Por algo es el momento clásico que es. Por algo perdura en la memoria colectiva cinéfila. Curtiz capta el poder evocador de la música y su capacidad de conectar a un nivel profundo. No sólo es interpretada más de una vez, sino que es incorporada a la banda sonora. Como también "La Marsellesa", que está insinuada al principio, y luego hace una reaparición gloriosa, en una de las escenas más poderosas de la película.

"Casablanca" es una de esas películas que no debían funcionar, con sus clichés, sus múltiples escritores, sus imposibilidades históricas. Y sin embargo, en las manos de Michael Curtiz, se convirtió, inevitablemente, en un clásico ineludible. Una verdadera obra maestra.

domingo, octubre 07, 2012

Crítica: Katy Perry: Part of Me


Detrás del maquillaje

La moda de los documentales-tour-concierto está instalada desde hace unos años, sobre todo con la llegada  del 3D y la masificación de ciertos artistas que apuntan a un público preadolescente. Esto no quiere decir que sea algo nuevo. Ya los Beatles tenían su versión, y Madonna, al comienzo de los 90s con su "Truth or Dare".

Justamente ese trabajo tenía la particularidad de mostrar a una diva del pop en el medio de una relación sentimental en decadencia. Incluso hay quienes dicen que su respuesta a una pregunta acerca de quién era amor de su vida ("Sean", habría declarado, por Sean Penn, su ex marido), habría sido el detonante de su separación.

No estoy queriendo comparar a Katy Perry con Madonna, pero en "Part of me" hay un poco de esa exposición que lleva a que veamos cosas que, quizás al comienzo, no estaban en los planes.

La gira de Perry dura un año, y en ese año (no estoy adelantando nada, son hechos notorios) pasó de estar felizmente casada con el actor Russel Brand, a presentar el divorcio.

En medio de los colores y la música, aparecen momentos de notoria fragilidad y realidad. En ese sentido, "Part of me" se torna, sí, en esa obra propagandística que venía disfrazada de documental, pero no por mostrarnos lo genial del tour, sino lo humano de su protagonista.

Las ideas, los conceptos, lo que Katy Perry quiere vendernos, son de una simpleza absoluta (como su música, digamos), pero en "Part of me" es, también, vulnerable, humana, real.

En el transcurso de ese tour vemos cómo el cuento de hadas es imperfecto, y eso, en lugar de restar al mito, a la estrella, le suma, le aporta el componente necesario para generar empatía. Es imposible no hinchar por Perry y no desear que le vaya bien.

El film es entretenido e interesante, mostrando una realidad poco conocida, sobre la vida de los artistas y los tours, y cómo deben balancear sus vidas. En general no aburre, sobre todo para quienes son fans, o por lo menos les agrada la música de la cantante.

Por cierto, dentro del material que muestran acerca de su pasado, se ve a una artista con curiosidades musicales, capacidad de aprendizaje e innegable talento. Quizás lo que se vea sea algo que parezca más prefabricado, pero el material de archivo despeja dudas a ese respecto.

Con "Part of me" somos testigos preferenciales de la magia de la música y la performance escénica, cuando Katy, con el corazón roto, secándose las lágrimas, dibuja una sonrisa en su rostro, para brindarse al público. Un momento icónico, en un producto bien armado y entretenido.

[*** *****]




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