viernes, marzo 25, 2011

My bad

Yo también me equivoco, ¿ok? Sí, y puedo ser un poco insensible. El hecho es que no soy perfecto, ¿tamos? Claro, ¿quién en su sano juicio, va a pensar que lo soy, después de leer este blog?

A ver, lo digo porque tanto post con tendencias emo, que uno podría llegar a pensar que soy una especie de poeta encerrado en el cuerpo de alguien que es incapaz de escribir poesía (oxímoron, sí, pero me gusta la idea), lleno de sensibilidad, e incapaz de herir, perturbar, atacar, molestar, causar incomodidad, dolor, angustia, etc., condenado exclusivamente a la autoflagelación, y capaz de inmolarse en forma altruista.

Pues no. Sepa amigo lector, amiga lectora (acá uso ambos géneros, porque estoy haciéndolo en singular, pero no me van a ver diciendo "lectores y lectoras", o peor "lector@s") que yo también soy falible, egocéntrico, y que tengo una asombrosa capacidad para no callarme la boca cuando debo, particularmente en los momentos en los que tengo claro, clarísimo, que debería hacerlo.

Porque obvio, inconscientemente, cualquiera, pero conscientemente... es un arte hacer lo que se sabe que no se tiene que hacer, total y completamente a sabiendas de que no se debe hacerlo.

Y bueno, yo qué sé... meto la pata. Metí la pata repetidas veces. I'm not proud of myself, pero, en mi defensa, no es tan sencillo encontrar un equilibrio.

Las relaciones humanas son eminentemente complejas, porque se basan en la interacción de seres complejos, algunos de los cuales somos, además, poco aptos para interacciones sociales.

Quien haya llegado hasta acá, estará en todo su derecho de sentir frustración por lo poco específico de todo esto. Mi reconocimiento a su perseverancia... nada más va a recibir de mí, que mi reconocimiento a su perseverancia (no, no voy a ejemplificar, no es la idea, nunca lo fue).

Lo único que quiero decir, una vez más, antes de terminar, es que yo también me equivoco, yo también actúo irracionalmente y contra todo sentido común, yo también soy humano. Es lo que hay.

miércoles, marzo 23, 2011

Verdad, innecesaria verdad

Dejé de poder mentir. Ok, no, eso es mentira. Sigo mintiendo, no voy a afirmar que no lo hago. La gran mayoría de la gente lo hace (House dice que todos lo hacemos) cada tanto, al menos, y yo pienso seguir haciéndolo cuando lo crea debidamente justificado (tampoco da para la mitomanía).

Decía, entonces, que dejé de mentir en ciertas circunstancias, sobre ciertas cosas. O, mejor dicho, sobre una cosa en particular: dejé de mentir cuando me gusta alguien.

Quizás, incluso, decir que antes mentía, sería técnicamente un error, y lo que hago ahora no es "no mentir", sino que, más bien, digo la verdad.

O sea, en resumidas cuentas, de un tiempo a esta parte, cuando una chica me gusta, tiendo a decírselo. Directamente.

Hay varias consideraciones a tomar a partir de eso, pero voy a empezar con la primera y más obvia observación: no, no me funciona; no me ha servido para absolutamente nada.

Habiendo ya salido de la cuestión anecdótica, podemos dedicarnos a la cuestión más de fondo: ¿por qué lo hago?

Instintivamente (e ignorando lo que mencioné en el anteúltimo párrafo), uno podría pensar que lo que estoy tratando de lograr es no perderme oportunidades por no decir lo que me pasa. Sería razonable, sí, hasta que uno toma nota de que la única vez que me perdí algo por no hablar, fue con la chica que me gustaba en primer año de liceo, Manuela (sí, al comienzo de mi adolescencia, la chica que me gustaba tenía por nombre un eufemismo de "masturbación", me doy cuenta de las implicaciones, thankyouverymuch).

Entonces, como les decía, no sé bien a qué viene la cosa. A lo mejor, el exceso de cadenas de correos con frases como "de lo único que me arrepiento es de las cosas que no hice". Odiaría pensar que mi filosofía de vida (aunque inconsciente) esté dictada por el mismo medio en el que llegan las ilusiones ópticas y las teorías conspirativas sobre cómo el bicarbonato de sodio cura el cáncer, pero alguien (¿las farmacéuticas?, ¿los servicios de salud?, ¿el gobierno?) nos lo oculta.

Y así llegamos a esto de hoy, conmigo diciendo verdades que ninguna chica quiere escuchar. Ojo: a lo mejor es que no es el método correcto. Tengo una amiga que dice que el hombre no debe ser así, no debe regalarse y ser fácil, debe seducir con la intriga. Yo no logro comprenderlo. No logro entender qué mente enferma (salvo quizás la de Arjona) puede preferir que no le digan la verdad respecto a si otra persona se siente atraída hacia uno.

Ya quisiera yo que, si alguna señorita siente algo por mí (cualquiera sea el motivo, no la vamos a juzgar mal por ese error), me lo dijera. Si la atracción es mutua, genial. Podríamso salir y ver qué pasa. Si no lo es, y bueno, ella podrá buscar alguien mejor (ni que fuera tan difícil) y yo seguiría mi búsqueda por otro lado.

No entiendo cómo a alguien, el histeriqueo, el no saber, el "¿le gusto?", le puede parecer simpático. En ese sentido, estoy cerca de Sheldon Cooper: quiero saber cómo se hace el truco de magia. No me gusta no saber.

No sé, tal vez esta postura de decir lo que siento, no me dure demasiado, y vuelva a mi versión anterior, más tímida, con menos rechazos que ahora.

Pero, mientras tanto, seguiremos en la línea de la honestidad brutal... al pedo, por supuesto.

miércoles, marzo 16, 2011

Crítica: Biutiful

Miserias

Nota: en esta crítica se revelan algunos detalles del argumento.
Hay películas malas, que son malas porque son fallidas. Esas películas no logran ser lo que se proponen, por ineptitud (de su guionista, director, actores...). Hay otras que son malas por motivos totalmente distintos.

"Biutiful" es una película detestable, no porque su director no sepa filmar (que sabe hacerlo), ni por tener mala fotografía (no la tiene), ni por sus actuaciones (ya hablaré de ello). "Biutiful" logra perfectamente ser la película que pretende ser, y es, a fin de cuentas, una mala película.

Manipuladora hasta más no poder, la cinta es un compendio de las miserias humanas. Típico de la doctrina bienpensante, pone a sus protagonistas en situaciones de sufrimiento, para que el espectador pueda decir "¡Qué horror!" e indignarse con el panfleto acerca de las condiciones de los inmigrantes ilegales, de los pobres, etc. Todo de libro de texto. Todo sencillito y bañado de ideología progre elemental.

"Biutiful" no se conforma con matar a veinte chinos de una, tiene que presentarnos a la chica china y al nenito, para poder matarlos (no sin antes darnos un poquito de esperanza de que, a lo mejor, sobreviva). No le alcanza con mostrarnos una vez qué tan mala es la mujer de Uxbal, tiene que dejar al nene solo, mientras se van a los pirineos, tiene que acostarse con su cuñado, y, por las dudas, salir a prostituirse, por si no queda claro.

Mirando "Biutiful" uno puede convencerse de que Barcelona es una ciudad horrible y sucia, que la gente vive vidas miserables entre el alcohol y las drogas, que no existe prácticamente la bondad en el mundo, salvo en las personas más humildes, que la película, en su convicción maniquea, necesita que sean las que lleven la bandera de todo lo bueno.

Los golpes bajos abundan, subrayados por una banda sonora que tiene una fea tendencia a llamar la atención sobre sí misma, con acordes cargados de postmodernidad y supuesta gravedad.

Quizás sea en Javier Bardem, que la película tenga su punto bueno. La suya es una muy buena actuación, ya que cumple al pie de la letra con el miserable papel que le toca. El resto del elenco, acompaña.

En una de las primeras escenas, a Uxbal le dicen que se va a morir. La última media hora, me encontré esperando que muriese de una vez.

No se la recomendaría ni a un enemigo.

[1/2 / *****]

martes, marzo 15, 2011

Vida 1.5

Tengo un problema: no puedo escribir.

No, no se trata de "writer's block", al menos no totalmente. Es cierto, algunas cosas no están sucediendo en mi cabecita en estos momentos (no tengo ideas para cuentos, por ejemplo), pero hay otras cosas que sí se me ocurren. Pero no las puedo escribir.

Ok, sí, digamos que puedo. Puedo agarrar una hoja de papel y garabatear esas ideas, darles forma, convertirlas en un texto medianamente ordenado, y con la coherencia típica de uno de mis textos (o sea: no mucha). Pero no puedo hacerlo acá.

Masa crítica, señores. Tengo dos vidas, la 1.0, en el trabajo, con mis amigos, con mi familia, y la 2.0, en el blog, en tw, en msn. Pero están cada vez más en colisión.

Hay cosas que no puedo escribir en el blog, porque existe un universo de gente presente en mis dos vidas. Hay gente que puede, perfectamente y con todo el derecho del mundo, venir a este blog, sabiendo que es mío, y leer lo que tenga para decir. Y eso no debería suceder.

Entonces, my friends, tenemos un problema.

Ustedes, porque no pueden leer lo que yo quiero decir (sí, ya lo sé, sus vidas son miserables por ello), y yo, porque no puedo recibir su feedback (bueno, tampoco es que haya mucho de eso... en fin), porque no puedo, en mi blog, decir lo que quiera.

Sí, ¡claro que puedo escribir en cualquier otro lado, en forma anónima! (like I haven't already done that!), pero no es lo mismo.

Y así estamos, en una encrucijada de esas de las que no estoy seguro cómo vamos a salir...

Envidio a escritores más talentosos, que han sido capaces de decirlo todo, sin decir nada. Hoy, a mí, me cuesta la metáfora.

Hagamos un pacto, estimados lectores: yo me comprometo a trabajar para poder escribir todo lo que quiera, para ser lo más auténtico posible, de la forma más adecuada, y mientras tanto seguiré con cosas más sencillas (críticas de películas, por ejemplo), y ustedes siguen viniendo, y me tienen paciencia.

¿Hecho?

***

El mundo social no se arma en base a la verdad. La verdad no es un valor en sí mismo, Kant se equivocaba. Lo que callamos es tan importante como lo que decimos. Saberlo todo no es un derecho. Decirlo todo no es una obligación. La verdad está sobrevalorada. "Las cosas como son" es un concepto negatorio de la realidad social.

El choque de dos vidas genera reacciones inesperadas. Las realidades paralelas no deberían (por definición) tener contacto. La vida 1.5 no tiene reglas propias, y las de las otras dos, no se aplican satisfactoriamente.

Peligro. Caos. Pánico.

sábado, marzo 12, 2011

Crítica: Rango

Es la ley del oeste

"Rango" termina, definitivamente, con el mito de la animación como algo para niños. Si bien ya en "Toy Story 3" se notaba (una película mucho más disfrutable por adultos que por niños), quedaba esa idea de público primario y público secundario, de niños y adultos, respectivamente.

La película de Gore Verbinski no deja lugar a dudas. Está pensada para adultos, animada para adultos, y puede, cómo no, ser disfrutada también por chicos.

"Rango" es un western. Un western animado, pero western al fin, con sus peleas de bar, sus duelos, su tabaco, sus muertes inevitables, sus villanos crueles, su tierra, suciedad y decadencia.

Al mismo tiempo, es un homenaje a los westerns de antaño, sean americanos o italianos ("spaghetti westerns"), con referencias varias (algunas hasta demasiado directas).

La película es tremendamente disfrutable y dinámica. Está excelentemente animada, con un realismo estilizado, visualmente impecable. En cierto sentido, no es "linda" de ver (los personajes no son todos estéticamente agradables, más bien que la mayoría son lo contario), pero tiene una riqueza en su animación, que es admirable.

La historia no es nada que no se haya visto, pero la ejecución es totalmente distinta y original. "Rango" sabe que película es, aunque Rango no tenga bien claro quién es.

Su estructura, sus tiempos, sus ritmos, su humor (visual y sonoro), todos forman una unidad orgánica, estable, que atrapa y no dejan caer casi nunca la atención.

Una historia bien contada, visualmente impecable, entretenida, dinámica, y perfecta para los amantes de un género que está afortunadamente volviendo, de formas variadas y a veces inesperadas, como ésta.

[**** / *****]

domingo, marzo 06, 2011

Crítica: La casa muda

Cuando las palabras sobran

Técnicamente impecable. Si hay algo para decir a favor de "La casa muda" es, justamente, que su realización es extraordinaria.

Filmar una película en plano secuencia de más de una hora, no es nada sencillo. En este caso, el recurso, además, se ve justificado por las circunstancias.

Pero no es sólo el no cortar nunca, la fotografía es un factor fundamental. La luz (y la falta de la misma) permite un juego en el que, tan importante como lo que se ve, es lo que no se ve, lo que pasa en la oscuridad, lo que pasa lejos de Laura, la protagonista.

La cámara, atada (en términos figurativos) a Laura, no puede captar lo que sucede fuera de ese mínimo radio de acción.

Así se generan momentos de verdadera tensión, en los que se juega con el sonido, con flashes de luz, con imágenes borrosas fuera de foco, con la música que a veces genera expectativas que no se cumplen, y otras que sí.

Quizás, en el aspecto técnico, el mayor problema viene por el lado de ciertas decisiones caprichosas de la cámara, que parece en momentos confundirse (sin ningún sentido) con algún personaje.

El problema viene del guión.

Ya desde el comienzo se nota que los diálogos son torpes, funcionales a la historia, pero no a la realidad, no a los personajes. Si se le perdona, es porque son escasos, porque las palabras no abundan, y son reemplazadas (sabiamente) por el sonido ambiente.

"La casa muda" asusta cuando sabe aprovechar el miedo a lo que no se ve, a lo desconocido, pero, cuando trata de explicar (y digo "trata", porque definitivamente no lo consigue) lo que sucede, falla estrepitosamente.

La resolución, el tercer acto de la película, es tan torpe, tan sin sentido, tan lleno de lugares comunes, que falla por su inverosímil, por su falta de coherencia, y porque hasta la actriz (que durante más de una hora tuvo que luchar casi sola en cámara) se nota visiblemente desajustada.

El tercer acto destruye lo que se había construido hasta ese momento, lo banaliza, le saca gracia, lo hace incomprensible e intrascendente.

Al final queda una película técnicamente brillante (no a estándares uruguayos, sino internacionales), que da miedo durante gran parte de su metraje, pero carente de sentido, ridícula, que se siente totalmente desaprovechada.

Una lástima.

[** / *****]

Crítica: Winter's Bone (Lazos de sangre)


La verdad enterrada

"Winter's Bone" es una película distinta a las que nos tiene acostumbrado el cine de Hollywood. Es más real, más visceral, menos glamorosa.

Claro que, para quienes estén acostumbrados a cierto dinamismo, a cierto cine espectáculo, puede resultar una experiencia desconcertante, si no frustrante.

En el centro del relato, Jennifer Lawrence, en una excelente actuación, creíble, realista, honesta, como la hermana/hija que tiene que llevar la casa sobre sus hombros, a la vez que debe descubrir qué pasó con su padre.

La de Lawrence es una interpretación fabulosa, a la que, afortunadamente, acompaña el resto del elenco, todos ajustados perfectamente a la situación.

"Winter's bone" es una película en la que la violencia está siempre presente, aunque no esté en cámara. Un mundo peligroso para la protagonista, que no tiene más remedio que vivir en él. Casi irónico es que piense que su salida puede estar por enlistarse en el ejército, ámbito propicio para más violencia.

La soledad juega su papel, acompañada en términos cinematográficos, por la casi ausencia de música. Los sonidos son, mayormente, los del silencio, la desolación.

Así transcurre una historia, que puede resultar lenta (en parte por esa ausencia de subrayado), pero no por eso aburrida.

Un cine real, que apuesta a meter al espectador en el medio de un ambiente distinto, frío, hostil, donde lo que queda es la firmeza de la protagonista, su determinación, sus ganas de luchar por una vida decente para sus hermanos.

Muy interesante.

[***1/2 / *****]

viernes, marzo 04, 2011

Entropía

Cristales rotos, fragmentos de sueños de autores trasnochados.

El castillo de naipes se derrumbó, con la inevitabilidad de lo preanunciado, profetizado; la validación de la entropía.

Más que ese día no hubo, más que ese día no sé si habrá. Después, sólo quedaba caer.

Todo dicho, pero ni una sola palabra. ¿Para qué justificar lo ya justificado? Si el error fue nuestro, si el hubris estuvo claro desde el principio.

Desnorteados por una promesa de la nada, habiendo prometido falta de promesas; desnorteados por lo inmediato, lo egoísta. Pero, ¿no es así que se vive? ¿Qué es el mañana si no el hoy de dentro de 24 horas?

Ciegos, a tientas, probando los límites de la cordura, del sentido común, hasta encontrarlos. La pared.

Sólida, firme, la materialidad de lo que no se puede ignorar. Choque frontal a alta velocidad. Después, a buscar las piezas, los restos.

No debería poder naufragar aquello que nunca estuvo hecho para mantenerse a flote.

No se puede construir sobre arenas movedizas.

Dos idiotas se rieron, escaparon, encontraron un lugar perfecto entre las rocas. Pero la marea siempre sube de noche. Dos idiotas se ahogaron.

La casa siempre gana.

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