sábado, febrero 23, 2013

Crítica: Les Miserables

Incompetencia en primer plano

Imagine el lector la siguiente situación: usted y yo nos encontramos en un evento "x" (el lugar no es importante), y usted quiere conocerme. Entablamos conversación, y me pide que le cuente sobre mí. Entonces, yo le cuento que mido 1.75, tengo ojos marrones, uso lentes de armazón y cristal rectangular, que tengo el pelo castaño bastante oscuro, brazos y piernas bastante flacos...

El problema es que, como le dije, estamos en el mismo lugar, y usted (lógicamente) me está viendo, por lo que lo que yo le estoy contando es obvio, evidente y redundante. Le presento, estimado lector, uno de los grandes problemas de "Les Miserables".

Tom Hooper no sabe que hacer con el material de "Les Mis", una obra de teatro en la que los personajes cantan todo el tiempo sobre lo que les pasa. Se ve que el director tiene miedo de que el resultado se parezca demasiado al teatro. Para evitarlo, se le ocurre filmar prácticamente todo en primeros planos, mover la cámara, inclinarla... Pero, al separarse del escenario, le queda el problema de hacer que el material funcione en el cine (o eso que él pretende sea cine).

¿Qué sentido tiene cantar sobre la decisión de Jean Valjean de rehacer su vida, si lo estamos viendo, si se deduce automáticamente de la situación y la actuación de Hugh Jackman? ¿Qué sentido tiene que Marius cante sobre sus compañeros perdidos, exprese su dolor de esa forma, si en su rostro se ve reflejado tanto? La cámara no puede limitarse a capturar esos rostros, porque no tiene sentido, ¡porque el cine es otra cosa!

Esa incompetente forma de filmar, no sólo redunda en emociones sobreexplicadas, machacadas hasta el hartazgo, también evita disfrutar de la geografía, del movimiento, de eso que hace de un musical en cine, un verdadero espectáculo.

Hay, por ejemplo, una escena en la que Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter (geniales aquí ambos) cantan "Master of the house". En el fondo hay una buena idea: mostarlos estafando y robando a cuanto incauto sea posible. Hooper edita y filma tan mal, que la coreografía es imposible de apreciar, que los movimientos resultan casi indescifrables, que no existe sensación de una maquinaria perfectamente aceitada para timar.

Pero, lamentablemente, en la decisión de filmar "Les Mis" como si fuera la "Juana de Arco" de Dreyer, no se agotan los problemas de la película. Hooper está tan enamorado de cada pieza de música, de cada canción, que en su afán de incluir todo lo que se pueda, la película no respira. Desde el comienzo de la primera escena hasta la última, pasan alrededor de veinte años. No se nota, no se siente, porque el tiempo sólo pasa en las canciones. Lo hemos dicho más de una vez en este blog: una película tiene que respirar, encontrar sus momentos, tomarse el tiempo de contar lo que quiere contar. Es más, una buena película ni siquiera lo cuenta, deja que nosotros lo sepamos casi sin decirlo.

Aquí el director parece necesitar que arranque ya la siguiente canción, no sea cosa que quede afuera, o editada. Y así no hay clima que pueda sostenerse.

Sí, Hugh Jackman se entrega de cuerpo y alma. Sí, Anne Hathaway está estupenda en los pocos minutos que está en pantalla y canta "I dream a dream" como los dioses. Sí, hay voces y actores muy buenos (como dije Baron Cohen y Bonham Carter están geniales, y se roban cada minuto en pantalla), y el nene que hace de Gavroche tiene uno de los momentos más fantásticos del metraje, pero ¿para qué?

"Les Miserables" no es una buena adaptación, porque no "adapta" nada. Toma el musical y lo filma. Lo filma feo y lo arma a las apuradas, sin timing dramático ninguno. El resultado funciona sólo en cuanto los números musicales, que tienen la fuerza dramática de su música y letra, y en cuanto a la entrega de los actores, que parecen darse en un 100%. Por eso, y nada más, es disfrutable.

Pero, al final del día, "Les Miserables"  es una colección de emotivos videoclips encadenados y no una verdadera película.

[** / *****]

miércoles, febrero 20, 2013

Crítica: Lincoln


Palabras, palabras, palabras

Si bien en sus orígenes, sólo la imagen bastaba en el cine, desde la década de 1930 para acá, el cine es imagen y sonido. Desde hace más de treinta años, Steven Spielberg es uno de los maestros incuestionables de la imagen en movimiento, creando imágenes imborrables del inconsciente colectivo.

"Lincoln" representa una especie de cambio de paradigma, ya que se trata de una película construida en base a las palabras. Su estructura reside en los diálogos (como la política, en el buen sentido), y las escenas de acción y gran impacto visual son escasas (pero buenas), y la cámara está para registrar esa dinámica oral.

Y en esa empresa se ve la mano del maestro. Spielberg logra filmar la película sin hacer un documental, sin caer en la trampa de crear un telefilm (como "El discurso del Rey"), ni un "teatro filmado", problema que aqueja a varios films tan cargados de diálogos. El sólido guión de Tony Kushner, hombre proveniente del mundo del teatro, pero con buenos antecedentes para la pantalla grande ("Munich"), podría llevar a una obra teatral, y es el ojo del director que lo convierte en una verdadera película.

Spielberg sabe cómo ubicar la cámara, qué movimientos realizar, cómo editar la acción para crear una atmósfera auténtica e inmersiva, transportando al espectador a la década de 1860, y cómo generar tensión aun con una lucha de la cual es casi imposible no conocer el desenlace de antemano.

Porque Kushner y Spielberg eligieron la historia de la votación de la 13ª Enmienda para mostrar a Lincoln. En ese sentido, todo depende de lo que decidan personajes secundarios, y la gran habilidad de los creadores está en usar esa circunstancia para ilustrar la grandeza del hombre que es y no es el centro de la cuestión.

Y allí aparece la grandeza de Daniel Day-Lewis. Él está impecable, simplemente excelente. Su Lincoln se ve, se escucha, se mueve como una persona real. Day-Lewis no "actúa de Lincoln", él ES Lincoln en cada palabra, cada movimiento, cada mirada. En base a ese carisma que le transmite, a esa mística que le confiere, es que logra ser el centro de esta película sobre una votación en la que él ni participa. Lincoln en el cuerpo de Daniel Day-Lewis es carismático, complejo y humano.

Sally Fields hace también un trabajo extraordinario como Mary Todd Lincoln, entre la angustia, el miedo, la audacia y un frágil equilibrio mental. Tommy Lee Jones, por su parte, está estupendo en una de las mejores actuaciones de su carrera, y por momentos, con tan solo sus ojos, dice todo lo que uno necesita saber.

Esos son sólo algunos de los muchos nombres en un elenco lleno de pequeñas grandes actuaciones.

"Lincoln" es una película sobre la política, lo que ella implica, sobre un gran hombre que hizo todo lo que estaba a su alcance, legal, ilegal, moral, inmoral, por una causa noble. Una historia demasiado improbable para no ser cierta.

Sobre ella, Spielberg construye una suerte de thriller político / drama histórico, lleno de excelentes actuaciones, inteligente, profundo, emotivo y sobrio.

Una muy buena película.

[**** / *****]

viernes, febrero 01, 2013

Crítica: Django sin cadenas


Duplas

Es imposible hablar de la nueva película de Tarantino sin hablar de la anterior película de Tarantino. Entre ambas existe una conexión temática innegable. Forman parte de una dupla (¿posible futura trilogía?) de películas de venganza de los oprimidos, que reescriben la historia para dar vuelta la situación, donde las víctimas pasan a liberarse, a sacarse las cadenas metafóricas y literales.

Pero también son películas diferentes, al menos en dos aspectos integrales. Uno es que la historia de "Bastardos sin gloria" es mucho más "importante", en el sentido que reescribe la historia de manera tal que el mundo tal como lo conocemos es inconcebible con ese resultado, mientras que la de "Django" bien podría ser una historia real.

El segundo aspecto es quizás el más importante. Mientras "Bastardos sin gloria" era mucho más que una película de venganza, era, sin dudas, un homenaje al cine, al film, al celuloide y su fuerza transformadora, creadora y destructiva (hasta literalmente), "Django" es un ejercicio cool en el relato de una historia que no es más que lo que se cuenta y se ve en una primera lectura.

"Django sin cadenas" es un Western en el sur (aunque parezca contradictorio), y su historia de rebelión, venganza y libertad es buena, pero no genial. Su punto más fuerte es el cómo está contada, su dinamismo, su humor negro, las brillantes actuaciones, la capacidad de estilizar la violencia que tiene Tarantino, que no va en desmedro de la fuerza dramática, y la música, brillante, como siempre o tal vez mejor aun.

Christoph Waltz es, una vez más, extraordinario. Si hubo alguna vez un actor hecho a la medida de los diálogos de Tarantino, es él. Quién podría haberse imaginado que un actor austríaco, prácticamente ignoto, iba a ser el actor que completara la dupla con el director americano irreverente. Probablemente nadie. Pero el carisma que despliega Waltz, la gracia y el perfecto timing, son una maravilla absoluta.

Jamie Foxx cumple de excelente forma con su papel. Él también tiene el carisma necesario para su personaje, y el manejo del humor necesario para un absurdo tan grande. Su dúo de cazarrecompensas con C. W. funciona perfectamente.

Y luego están Leonardo Di Caprio y Samuel L. Jackson. Ambos están estupendos. Di Caprio se transforma, se deja llevar por su personaje y es perfectamente desagradable y "over the top", tal como lo requiere la historia. Quizás una de sus mejores actuaciones. Jackson toma un estereotipo claro (el "Tío Tom") y juega con él, lo disfruta, le saca el jugo a través del humor y la fuerza de su mirada y de su voz. Es increíble pensar que quizás hace no tanto tiempo, él podría haber interpretado el papel protagónico.

La película está muy bien filmada (obviamente), con un balance entre drama, acción y humor, que son parte del lenguaje propio de Tarantino, que otros han tratado infructuosamente de imitar.

Como mencionara anteriormente, la banda sonora, tanto en la orquestal, como en la selección de música, es fantástica. Un verdadero acierto de un director que sabe pensar en lo estético no sólo por el aspecto visual, sino también el sonoro.

Los mayores problemas surgen por el lado del tercer acto, que es más extenso de lo necesario. La película sugiere un final, y luego de llegar a ese punto, sigue adelante, con más giros que redundan en un final con buenos momentos, pero mucha vuelta innecesaria, y el producto queda extenso por demás.

El otro "problema" es la falta de subtexto (o metatexto como en "Bastardos..."). Sí, es un poco injusto criticar una película por lo que no es, o peor aun, por lo que uno piensa que debería haber sido. Pero al ser hermana de la película anterior, uno no puede dejar de plantearse que es una hermana menor, más simple, sin algunos de los detalles que hacían de aquella un triunfo del cine.

Así como está, "Django sin cadenas" es una sólida película, entretenida, bien filmada y con excelentes actuaciones, que se hace un poco larga por demás, pero que se disfruta.

[***1/2 / *****]

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