El profesor

Llevaba varios minutos viéndolos correr, con sus camisetas blancas pegadas al cuerpo, empapadas de sudor. Algunos habían aflojado el paso. "¡Vamos!" les espetó y palmeó sus enormes manos. "¡Más rápido, que no se viene acá a pasear!". Una mueca de satisfacción se dibujó en su rostro.

"El deporte es salud." les decía siempre, y luego los mandaba a correr. Era un firme convencido en las virtudes del deporte. La ironía era que él pesaba... ¿cuánto? ¿150, 160 kilos? Ya había dejado de pesarse. Mejor era no saberlo.

Pero sus alumnos no. Ellos tenían que correr alrededor del gimnasio hasta caer agotados, hacer deporte, ser saludables.

Claro que, había algunos que no estaban a la altura de las circunstancias. Muchachos débiles, que no entendían la importancia del tema. Sentía un profundo desprecio por ellos.

Esos púberes liceales, hijos de madres seguramente sobreprotectoras, que no comprendían que lo fundamental no eran los "10" en matemáticas o historia... se agitaba de tan solo pensar en eso.

Él estaba allí para demostrarles lo que era importante. De nada valían las súplicas.

El deporte no sólo era salud, también servía para hacer amigos (en su cabeza no cabía la posibilidad de socializar en otro ámbito que no fuera el de una cancha de fútbol o básketbol). "El deporte enseña disciplina, control. Enseña a hacerse hombre" repetía en voz baja, de memoria, mientras los veía aún correr.

En ese momento, en el informativo del mediodía, se hablaba de otro deportista más, suspendido por doping positivo.

Más temprano, cómodamente sentado allí en las gradas, les había enseñado a correr adecuadamente. Levantó una pierna y moviendo solamente el pie, les indicó "¿Ven? Primero apoyan la punta, y después el resto del pie".

Ahora los vía correr, y no entendía cómo algo tan simple, tan elemental, podía escapárseles.

Una vez más los azotó con la lengua. Una vez más ellos apretaron el paso. No todos. Unos pocos (esos que él ya preveía) quedaron rezagados... Ya se encargaría de ellos, ya les haría entender que se esperaba más, y que tendrían la oportunidad de redimirse... en febrero.

Cuando terminó el tiempo, los mandó a las duchas, y se quedó en las gradas a esperar al nuevo grupo de jóvenes a ser moldeados.

Del bolsillo derecho de su pantalón deportivo azul, sacó su celular. Figuraban tres llamadas perdidas de su mujer. La llamó.

"¡Por fin!," exclamó una voz eufórica del otro lado del audífono "Carlos, ¡ganamos la lotería! ¡Somos millonarios!"

****

Horas más tarde, parado sobre esas mismas gradas, el forense diría que, con esas arterias tapadas de grasa, el milagro era que el infarto no hubiese ocurrido antes.

Comentarios

Sophie dijo…
Yo tuve un profesor así, odiaba educación física carajomierda y el tipo me odiaba a mi ._.

Me gustó la ironía del relato, besito! :)
andal13 dijo…
¡Genial!
Más allá de que estoy convencida de la importancia del ejercicio físico, siempre odié Educación Física (y sí, era la única materia que tenía con 3, las otras no bajaban de 5 o 6, me refiero a la Prehistoria, claro).
Y me pegan mal los "colegas" que son "haz lo que yo digo, no lo que yo hago".

Catarsis hecha, muy bueno el cuento.


¿Sale organización para ver HP, secuestro de cierto común amigo arácnido incluído?
Martín dijo…
Sophie: comparto. Y yo también tuve ese profesor, que hoy recibió, en forma de cuento, un poco de justicia poética. :P

Me alegro que te haya gustado. =)


Andrea: nadie niega la importancia del "mens sana in corpore sano", pero Educación Física es lo peor. La hipocresía mata, totalmente.

Como verás, la catarsis fue grupal, porque la mía fue con el cuento, jaja. =)

Vamos todos!!!

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